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Tola y Maruja contestan una carta del fiscal general

Tola y Maruja
07 de julio de 2017 – 11:03 p. m.

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Indiciadas entrometidas,

Soy un fiscal general muy aburrido pues quedé como un zapato con este fiscal anticorrupción que me fue infiel. Me lo recomendó la abuelita de su propia esposa, antes de fallecer. Sencillamente caí, me equivoqué. Hoy sé que a cualquiera de nosotros le puede pasar. ¿Qué me recomiendan, tías, para recuperar la credibilidad de la Fiscalía?

Atentamente,

Salustiano Júnior

Querido Funestor Humberto,

Por su letra vemos que puede pasar el polígrafo. En el caso del fiscal anticorrución, usté se dejó llevar pendejamente de los sentimientos: vio en ese muchacho al lagarto joven, brillante y encantador que fue usté.

Pero no se preocupe sumercé, este escándalo será tapao por el prósimo escándalo: ¿acaso la catura del alcalde de Medellín? ¿O la detención del conde Drácula por el Cartel de la hemofilia?

Hablemos mejor de cosas propositivas: la apertura del Museo de la Fiscalía, que posee la coleción más completa de ojetos que nos recuerdan la historia de la corrución en Colombia (ajualá no se la roben).

A la entrada nos recibió la matera donde mió Yidis cuando estaba en negociaciones pa vender su voto pa la reeleción, y el tapete en que se arrodilló Uribe a rogarle que hiciera patria, hijita.

Más adelante encontramos las cajas envueltas en papel regalo en que iban los billetes pa la campaña “Samper presidente” y el reló que le regaló Pastrana a Tirofijo pa comprale el voto.

Después nos topamos con las servilletas que usó Uribito pa repartir el ponqué de Agro Ingreso Seguro y el pitillo con que Otto Bula se sorbió el jugo de mandarina mientras le entregaba la tula al parcero de Prieto (el amigo de Santos).

Como vimos que la cosa iba pa largo, nos adelantamos pa ver los últimos ojetos: el polígrafo que el fiscal anticorrución fundió y la maleta de doble fondo donde la abuelita de su esposa le empacó cocaína… pero de la medecinal.

Enseguida estaba el salón del “Embellecimiento ilícito”: las prótesis mamarias que la exauditora general se hizo implantar en el hospital público que gerenciaba su hermano y las sobras de piel del estiramiento que se hizo el contralor de Antioquia.

El salón más recheché, con vitrinas de mármol, es el de Reficar, pero no pudimos dentrar porque es zona VIP. Tampoco pudimos ver la parte de Interbolsa, quizque porque solamente se podía dentrar de cuello blanco.

Y quedamos facinadas con la sala del Municipio de Medellín: un helicótero nuevecito, desde donde el secretario de Seguridá llamaba al Col Center de la Oficina de Envigao.

El salón de Odebré ocupa práticamente un parque temático y es el más visitao porque cada tanto tiran dólares de jura. A diferencia del salón de la Guajira, que se mantiene desierto (esiben solamente un pobre refrigerio escolar y un discurso de Kiko Gómez en un entierro).

Volviendo a lo tuyo, querido Funestor, un paso en falso lo da cualesquiera. Te equivocates nombrando ese asolapao, pero con el museo sí te lucites. ¿Pa cuándo inaguramos el Salón de los Impedimentos? Ahí tendrías mucho que aportar.

Tus tías que te quieren,

Tola y Maruja

Posdata: Le resultó un hijo no reconocido a Julio Iglesias, también cantante, y no lo pudo negar: el mismo desafine del taita.

Payola: Última semana de “Tola y Maruja piden la visa”, la historia de cuando se fueron por el “güeco”. Casa Teatro El Poblado, Medellín. Tel. 321 1100.

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