No nos consta

Tola y Maruja y los diez mandamientos del coronavirus

Tola y Maruja
29 de marzo de 2020 – 12:00 a. m.

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Hoy le servimos al presidente Duque el desayuno de moda: sancocho de murciélago criollo y pangolín sudao en su armadura. No dejó ni el raspao, el muy tragaldabas.

¿Se lavó las manos? —le preguntó Tola al verlo chupase los dedos. Ya me las lavé anoche, tía. No señorito —lo regañé yo—, vaye vuelva lávase, que ustedes los hombres se rascan dormidos.

Ole Álvaro —le dijo Tola al presidente eterno—, haga el favor y acompaña a Ivancito y le enseña cómo se lava sumercé las manos pa que le quede el teflón impoluto.

En esas dentró la ministra Alicia toda emperifollada, voliando las candongas de oro golfi, vestida de rojo purasangre y tratando de arrancale una sonrisa al botos.

Oítes Alicia —le dijo Tola sirviéndole cacao con parva—, decinos porfa cómo es eso que el Gobierno le quiere echar mano a la plata de las pensiones pa financiar los berriondos bancos.

Seamos realistas, tía —dijo Alicia sin arrugase—: con la peste todos los viejitos van a colgar las babuchas, entonces esa plata de las pensiones se perdería.

¿O sea Alicia que es cierto el chisme del verdadero origen del hijuemama virus: un invento de los gobiernos neoliberales pa chantanos una reforma pensional global?

¿Quiere decir entonces que a mi marido Ananías, que cotizó salú toda la puerca vida, le tocará mendigar un berraco respirador cuando los pulmones se le pongan de fibra de vidrio?

¿Eso es lo que quieren estos cursientos dirigentes —siguió Tola con los ojos encharcaos—, que todos los viejitos estiremos la pata pa desativar la bomba pensional?

Es la ley de la vida, tías —dijo Alicia sin dásele nada—. ¿Ustedes sabían que los japoneses llevan a sus cuchos a morir solos en la cumbre de un nevado?

No charlés —dijo Tola echando chispas—. Donde mis hijos me digan “Venga amá pal nevao del Ruiz, que no es pa eso”, yo les digo: ¡Cómo no moñito! ¿Y por qué mejor no me llevan a los termales?

Álvaro volvió del baño con Ivancito de la mano, y le decía: En una situación como esta es donde se reconoce al verdadero estadista, ¿qué pensás hacer, hijito?

Pues apá, lo primero: me encomendé a la Virgen de Chiquinquirá —sonrió Ivancho mientras se persinaba. Pero, hijito —dijo Uribe con impaciencia—, ¿tenés plan B?

Claro apá, si la Virgen nos falla (toco madera), la primera dama pedirá izar el tricolor nacional. Pero hijito —dijo Uribe con ganas de dar un coscorrón—, ¿qué decretos?

Tengo varios, apá: que durante la cuarentena los bancos manden los cobros impresos en papel higiénico. Que los que no tengan casa puedan cumplir el encierro en la calle.

Miren tías el guasá que me llegó —dijo Alicia mostrando su aífon último modelo—. Los diez mandamientos del coronavirus:

— Amar el jabón sobre todas las cosas.

— No salir a la calle en vano.

— Santificar las siestas.

— Cuidar a padre y madre.

— No matar el tiempo.

— No fornicar a menos de dos metros.

— No robar besos.

— No levantar falsas cadenas de guasá.

— No desear el alcohol del prójimo.

— No codiciar los tapabocas ajenos.

Ñapa: En respuesta a la recompensa que ofrecen los gringos, Maduro le puso precio a la cabeza de Trump: 15 millones de bolívares.

Payola: Berrionditos, por si no nos volvemos a ver, queremos deciles que los queremos mucho.

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