Publicidad

Coros y valores de sociabilidad

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

EL FESTIVAL INTERNACIONAL COral de Medellín, realizado la semana pasada, revive la idea de que toda persona ganaría mucho como ser humano si hiciera parte de algún coro.

Colectivizar el impulso natural a cantar puede tener una virtud formadora y moldeadora, tanto o más que el encuadramiento en otras instituciones (escuela, servicio militar, iglesia). Dondequiera haya una comunidad —colegio, facultad, empresa, unidad residencial, parroquia, club, familia extensa— debería formarse un ensamble vocal.

Aunque muchas personas sueñan con ejecutar un instrumento musical, no siempre pueden lograrlo, por limitaciones de aptitud, dedicación y costo. Pero, en cambio, cantan y canturrean cotidianamente, sea para distraerse, desahogarse, consolarse, alegrarse o desaburrirse. Cantar es una necesidad humana fundamental, tal vez porque, según cierta hipótesis antropológica, en la evolución humana la emisión de la voz cantada precedió al habla. Es probable que, al igual que en los pájaros y los grillos, nuestro lenguaje sonoro fuera primero melódico, antes que articulado.

En la práctica sería suficiente que un 5% de las personas gustara de cantar colectivamente, para que en una comunidad de apenas cuatrocientos integrantes se formara una agrupación coral de cinco cantores por cada una de las voces (sopranos, contraltos, tenores y bajos). Y el único costo sería el pago de unas tres horas semanales a un director con formación profesional que lidere el proyecto.

Un coro como espacio de sociabilidad forma a sus miembros en la buena disciplina (la placentera), desarrolla un esquema de cooperación muy sofisticado en el que cada individuo debe uniformar su canto con los otros pero sin dejarse “arrastrar” por las otras voces. El coro estimula una intensa solidaridad entre sus miembros y genera un pretexto para el disfrute y el jolgorio, no sólo en los ensayos y actuaciones, sino también en los muchos viajes que un ensamble vocal está abocado a realizar. Permite el contacto con otras tierras y culturas, ya que todos los festivales corales tienden a ser nacionales o internacionales (quien guste de viajar intégrese a un buen coro). En el Japón, cantar colectivamente —una pausa en la jornada laboral— ha llegado a ser tan relajante como una sesión de yoga o de ejercicio físico. En España funge también como un sustituto de la siesta.

Esta vez, a pesar de la estrechez de recursos, vinieron a Medellín agrupaciones tales como Vocal Magic de México, Universitario de Mendoza y Sies Seis Jazz Vocal de Venezuela. Y si los apoyos públicos y privados fueran generosos, podrían visitarnos los maravillosos coros africanos, rusos o estadounidenses. Minimizar la financiación pública de estas expresiones con el argumento de que los recursos escasos no pueden destinarse a minorías, olvida que al fin y al cabo todos pertenecemos a alguna minoría cuyas preferencias merecen ser apoyadas o subsidiadas. Olvida que una política cultural, más que arrojar baratijas para complacer a multitudes de manipulado mal gusto, debería apuntar a refinar la sensibilidad estética de la gente. Ya de por sí, la vulgaridad tiene siempre su financiación asegurada.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido