Comunidad y desarrollo

¡Elefantes blancos y obras inconclusas!

Uriel Ortiz Soto
25 de septiembre de 2018 – 09:30 p. m.

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Si queremos darnos cuenta de la magnitud de los saqueos al tesoro público, basta con inventariar las obras, o elefantes blancos, que se extienden vergonzosamente por todo el territorio nacional.

Lo más grave es que muchas de ellas tienen la complicidad de exministros de Estado, congresistas, gobernadores, alcaldes y los politiqueros de pueblo, que sirven de comodín a los defraudadores mayores, guardándoles sus nefastos secretos a costa de dádivas y posiciones burocráticas.

Valdría la pena que los organismos de control, antes de entrar en vigencia la ley anticorrupción, hicieran un inventario de las obras inconclusas —elefantes blancos— que pululan por todos los municipios y departamentos de Colombia.

Dentro de estas obras se esconde todo un tenebroso desfalco al tesoro público, y continúan siendo la sentida necesidad de las comunidades, pero lamentablemente fueron orquestadas por los delincuentes de cuello blanco con el único objetivo de apropiarse de los presupuestos asignados.

Con la ley anticorrupción que muy pronto entrará en vigencia, deben estar temblando los corruptos tanto de la administración pública como privada, y es conveniente se vaya levantando un inventario de los llamados elefantes blancos —obras inconclusas— puesto que la mayoría de ellas esconden en sus entrañas el silencio de muchos personajes de pueblo, que se las dan de honestos, pero que al examinarlos resultan más untados que la mermelada de sus jefes políticos.

El término mermelada debe ser hoy el tenebroso mundo de los corruptos que de una u otra forma han defraudado al Estado, bien como funcionarios de alto rango, como congresistas con los llamados cupos indicativos, o contratistas que reciben los anticipos, inician la obra, finalmente la dejan inconclusa y esta ingresa a la llamada lista de elefantes blancos.

Los elefantes blancos por lo regular son vías de infraestructura, acueductos, escuelas, electrificación, carreteras veredales y, en fin, todo un inventario de desaciertos que, en contubernio con muchas administraciones municipales y departamentales, se programaron y presupuestaron, pero finalmente resultaron siendo el trampolín político para elegir alcaldes, gobernadores, diputados y congresistas.

Por lo regular el funcionario o congresista corrupto no come solo, tiene en sus respectivas dependencias a subalternos que lo secundan en sus fechorías; para el caso de los congresistas son los aduladores de pueblos, barrios y veredas.

El modus operandi es muy sencillo: con el fin de impactar un buen servicio a la comunidad, buscan llevarles una obra que sea prioritaria y de clamor popular, esto con el fin de que no vaya a ser rechazada por suntuosa o inoportuna, preferiblemente hospitales, escuelas, obras de infraestructura en general, entre muchas otras.

¿Nadie entiende el por qué ciertos políticos que se encuentran en la cumbre del poder lograron su objetivo cuando no disponían de los recursos necesarios para una campaña política? Este es el punto de partida para iniciar una investigación y llegar a la conclusión de que lo lograron, gracias a que se apropiaron de dineros oficiales para hacerse elegir, utilizando el trampolín de una obra que orquestaron para la comunidad.

El PAE (Programa de Alimentación Escolar), donde ocurren desfalcos en la mayoría de departamentos y municipios, es otro programa que pese a la buena voluntad de los gobiernos de turno por lo regular cae en manos de contratistas voraces y corruptos, que ni siquiera respetan que con dichos presupuestos se alimentan niños estudiantes de escasos recursos económicos.

Los contratos para la salud de los colombianos son otra alcancía rota que no se escapa de los serios cuestionamientos por los magnates corruptos que se especializaron no en prestar un servicio de salud, sino en robárselo.

urielos@telmex.net.co

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