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La caída del narcodictador es inminente, se nota y se percibe el malestar en las Fuerzas Armadas, ya hay deserción de varios altos mandos, están tomado conciencia y se ubican al lado del pueblo.
Negar el ingreso de ayudas humanitarias a una población que está padeciendo hambre, enfermedades y miseria es un crimen de lesa humanidad; queda comprobado que el narcodictador con sus secuaces no son más que una guarida de insolentes, que no les importan en lo más mínimo las angustias de su pueblo.
No tiene explicación por qué la cúpula militar de Venezuela, no obstante todo lo que ha venido sucediendo, continúa dando respaldo a un gobierno ilegítimo, asesino y usurpador de poder, como ha sido el de Maduro en el transcurso de los más de seis años en que aparatosamente viene gobernado a Venezuela.
Valdría la pena que, una vez iniciado el proceso democrático, la CPI designe una comisión encargada de investigar a los militares de alto rango que han hecho caso omiso del clamor del pueblo; antes, por el contrario, se prestan para oprimirlo, encarcelarlo y masacrarlo, como lo hemos visto por los medios de comunicación.
Mucho ocultan y tendrán que decir los altos mandos militares con su ministro de Defensa a la cabeza, que después de tantas masacres y oprobios a nuestros hermanos tienen la desfachatez de brindarle al dictador todo su respaldo. ¿Dónde les enseñaron a estos militares de pacotilla que las armas son para masacrar a sus conciudadanos, cuando realmente son para defender las instituciones democráticas legalmente constituidas? En el caso de Maduro, ya deberían haber procedido a presionarlo para que abandone la Presidencia.
De acuerdo a los últimos acontecimientos, el presidente interino, doctor Juan Guaidó, con la mayoría del pueblo a su favor, ha logrado construir el puente que regresará a Venezuela por los cauces democráticos. Confiamos, a medida que transcurran los días, en que el gobierno interino o de transición convoque a elecciones con el fin de elegir nuevo presidente.
Esperamos que el doctor Guaidó, presidente interino, continúe ejerciendo plena autoridad, puesto que de acuerdo con el artículo 233 de la Constitución Política de Venezuela, como presidente de la Asamblea Nacional podía hacerlo; ya está expidiendo los primeros actos de gobierno, con el respaldo de la mayoría de su pueblo y la comunidad internacional.
Con los Estados Unidos a la vanguardia, se están tomando medidas de todo orden para menguar el poder del usurpador Maduro; podemos estar seguros de que finalmente el dictador, con todos sus andamiajes corruptos, caerá o tendrá que entregar formalmente el poder.
El mundo está expectante de lo que pueda ocurrir en breves días con el bufón de Maduro y sus secuaces quienes, no obstante reconocer las tremendas dificultades en que viven, continúan arrodillados con sumisión y obediencia a un gobierno corrupto y narcotraficante, que no es más que la vergüenza para el mundo y América Latina.
Lo que se está promoviendo en Venezuela es la salida democrática de un gobierno que desde hace más de 20 años tiene encañonado a su pueblo, pasando hambre y sin poder satisfacer sus más elementales necesidades, que finalmente se ha traducido en el gran éxodo venezolano a diferentes países de la América y del mundo; Colombia, por sus razones fronterizas, es uno de los países más afectados y ha tenido que agotar planes de contingencia para poderles dar albergue, alimento y medicamentos.
El ocaso de los dictadores llega con el descontento del mismo pueblo que al no ver planes y programas de desarrollo para satisfacer sus más elementales necesidades tiene obligatoriamente que acudir a la protesta y hechos violentos, como una forma de supervivencia y de subsistencia.
El puente democrático para restablecer la democracia en Venezuela parte del narcodictador y usurpador de poder Nicolás Maduro hasta Juan Guaidó, que en menos de 24 horas se perfiló como el jefe de gobierno interino capaz de rescatar a su país de una narco dictadura ignorante y asesina que tiene a sus gobernados postrados en el hambre, la miseria y la incertidumbre.
Podemos estar seguros de que este joven de 35 años, administrador de empresas, carismático y echado para adelante, salvará a Venezuela.