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Ni legalización; ni despenalización

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Ambos extremos son peligrosos; hay que buscar soluciones intermedias que permitan un equilibrio con parámetros de tolerancia vigilada. Caso contrario, continuaremos librando una lucha estéril sin resultados positivos, que están plenamente demostrados en estudios realizados por organizaciones nacionales e internacionales expertas en el tema de las drogas.

Definitivamente, su producción, comercialización y consumo tiene a las autoridades bailando en la cuerda floja. No obstante, los esfuerzos en alianzas con gobiernos extranjeros para erradicar tan terrible flagelo a costos, por cierto muy altos, con pérdida constante de miles de vidas humanas, la situación continúa de mal en peor. Los adolescentes en los colegios y las juventudes en las universidades, para estar en la onda  con las galladas dominantes, son presa fácil dentro y fuera de los centros educativos, muchas veces, con la complacencia y complicidad de sus superiores y padres de familia, también sumidos por esta causa en la destrucción de sus hogares y  la sociedad.

El negocio se mueve sin ningún problema en sus alrededores y ha tomado tanta fuerza que es difícil encontrarle solución aplicando programas de represión y castigo. Todos los esfuerzos que se han hecho hasta el presente, no han arrojando los resultados esperados. Basta con visitar los establecimientos de reclusión y rehabilitación para drogadictos. Se podrá comprobar que se encuentran atestados de personas de ambos sexos, especialmente jóvenes de diferentes estratos sociales que han cometido el delito de producirla, consumirla o comercializarla.

Estudios recientes, publicados por organizaciones nacionales e internacionales, sobre el fracaso: de la erradicación de los cultivos ilícitos; la industrialización, comercialización y consumo de drogas; son la más clara demostración de que no se deben seguir aplicando procedimientos extremos. Está plenamente demostrado que donde existe demanda, automáticamente aparecen los canales de producción y comercialización, para su inmediato consumo, aliados con toda clase de delitos.

Considero, que el mundo tiene una experiencia muy grata que mostrar sobre un mal que nos tenía arrinconados, en el cual se ha ganado la guerra: es el de la lucha contra el tabaquismo. Hasta hace unos treinta años, los consumidores o fumadores, lo hacían sin ningún temor en lugares públicos y privados, sin embargo, con las campañas lideradas por varias organizaciones de la salud, se ha logrado educar, y concientizar al mundo, sobre sus peligros; el resultado ha sido tan positivo que los pocos consumidores que quedan, lo piensan varias veces antes de incomodar a sus contertulios, so pena de ser rechazados, o expulsados de los centros de reunión o sitios de trabajo. Los establecimientos comerciales actualmente son grandes aliados de esta campaña.

¿No será que este mismo proceso se puede aplicar para empezar a erradicar con pasos firmes, el consumo de las drogas? Una agresiva campaña permanente de concientización, y educación, a partir de los hogares, pasando por los jardines infantiles, centros de educación primaria y universidades; sitios de trabajo, establecimientos comerciales y medios de comunicación; traería como resultado final, la formación del ciudadano del mañana, libre de drogas, con pleno convencimiento y conciencia de que su consumo es perjudicial. Si logramos que un programa de esta magnitud avance, con el compromiso de todos, y las instituciones del Estado, estaremos sembrando un futuro libre de este flagelo, promotor de tanta destrucción, corrupción, criminalidad, dolor y muerte.

No olvidemos que las drogas, no es solamente la degeneración de la persona, sino también de los hogares y de la sociedad. Con estas tres falencias, se extiende el pasaporte, para que los grupos criminales: guerrilla, paramilitares, corrupción, y delincuencia organizada, se formen sin ninguna dificultad, puesto que, las inmensas ganancias que les reporta el negocio ilícito, les permite conformar organizaciones delincuenciales tan sofisticadas que, muchas veces superan la capacidad del Estado, para combatirlas.  

Cuando un mal se encuentra muy avanzado, con grave impacto en la sociedad y sus instituciones; con clara destrucción del núcleo familiar; es indispensable someterlo a un tratamiento intermedio, sin que ninguno de los dos extremos se lesione y sufra traumatismos en los procesos de rehabilitación. Pensar en legalizarla, por ahora, no es la solución; como tampoco lo es, pretender, despenalizarla. Programas de educación y concientización, constante y permanente serían la única solución.

Comunidad Desarrollo y Gestión

urielos@cable.net.co

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