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El paro, que hasta ahora parece ser indefinido e injustificado, presagia una Navidad triste para los colombianos. Son millones los pequeños y medianos comerciantes que se sienten perjudicados, con enormes pérdidas acumuladas a la fecha por las inclemencias de una reyerta que no parece tener fin, por la indolencia de quienes lo promuevan muy a la topa tolondra, sin un cronograma serio y definido.
Desde luego que la protesta es un derecho constitucional, que asiste a todo ciudadano para manifestarse frente a las incoherencias e injusticias sociales cometidas por los gobernantes de turno. Sin embargo, en los actuales momentos este derecho está mal utilizado, puesto que de la protesta pacífica se pasó al vandalismo violento, con muertes, saqueos, robos y destrucción.
Para referirnos al paro que se inició el jueves 21 de noviembre, y ha continuado en forma indefinida, es procedente hacer algunas acotaciones:
1. El paro como tal. No debemos olvidar que todo este despelote que estamos viviendo es la herencia maldita que nos dejó el expresidente Santos, que con el solo Acuerdo de Paz firmado con la guerrilla de las Farc dejó al país en la penumbra jurídica y administrativa, Al grupo subversivo se le concedieron tantos derechos y beneficios que al ser sometidos a un plebiscito ganó el No, pero el gobierno Santos le mamó gallo al país, desconociéndolo vergonzosamente.
La corrupción durante el gobierno Santos se incrementó en tal forma que “don corrupto” prácticamente era quien gobernaba. Entidad pública o privada a donde llegaba, era el rey de la fiesta, todo el mundo salvo algunas excepciones le rendía sumisión y obediencia, nada se movía sin el CVY (cómo voy yo) para don corrupto.
Fueron varias las entidades del Estado que quebraron en el gobierno Santos, entre ellas las de la salud, sin que a la fecha semejante despelote tenga solución.
El único que le habló claro al país sobre el despelote de Santos fue el senador Macías, entonces presidente del Senado, cuando en la posesión del actual presidente de la República sacó a relucir todo el memorial de agravios santistas, pero lamentablemente fue interpretado como grosero, irrespetuoso e inoportuno, cuando en realidad estaba diciendo toda la verdad.
Todo este malestar fue generando descontento y motivando a las fuerzas opositoras del presidente Duque, lo que finalmente dio origen a la convocatoria del paro promovido por los sindicatos.
2. Sindicatos. Fueron los promotores del paro del jueves 21 de noviembre —hasta aquí todo bien—; sin embargo, les faltó ser más responsables con el país, los comerciantes y en general con los pequeños y medianos empresarios, puesto que se les olvidó que las cosas debieron regresar a la calma total a partir de las 12 de la noche del viernes 22 de noviembre.
Los líderes sindicales promotores del paro han debido tener bajo control la prolongación del mismo, para así evitar que los vándalos pagados por las mafias opositoras al Gobierno hicieran de las suyas: taponando vías, rompiendo vidrios y cajeros automáticos, con los resultados tan vergonzosos y nefastos para el comercio que, en plena época prenavideña, ya acumula pérdidas incalculables.
3. Vandalismo. Ha quedado plenamente demostrado que los estudiantes que han participado en el paro lo han hecho reclamando un derecho tan justo y elemental como es el de la educación, pidiendo a gritos que cese la usura con los préstamos del Icetex, que la mayoría de las veces se vuelven impagables.
Hay casos tan aberrantes como que por un préstamo de $80’000.000 (ochenta millones de pesos), y después de haber cancelado varias cuotas, al pedir el saldo aparece debiendo la suma de: $230’000.000 (doscientos treinta millones de pesos). Tengo documentos en mi poder sobre este caso.
Lamentablemente, los sindicatos perdieron el manejo del paro, razón por la cual fue la oportunidad para que los vándalos pagados por las mafias dieran rienda suelta a sus pretensiones.