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Aumentar el número de congresistas como lo está proponiendo la Misión Electoral Especial es la peor bofetada para los colombianos, que miran horrorizados cómo con tal decisión lo único que se proponen es fomentar el caciquismo, el clientelismo, la politiquería y la corrupción.
Es vergonzoso que en un País como Colombia, que se debate en medio de las dificultades político-administrativas, se pretenda echarle más gasolina a la hoguera, aumentando el número de congresistas, cuando sus actividades desde siempre han estado en el ojo del huracán.
No tiene ningún sentido que esto ocurra, puesto que si las Farc se van a lanzar a las plazas públicas a hacer campaña política, para conquistar curules, pues que lo hagan en franca lid con los demás grupos y movimientos políticos.
Es conveniente recordar otros tres puntos básicos que deben ser incluidos en la reforma política, puesto que hacen parte del inconformismo nacional y por lo tanto deben ser tenidos en cuenta en la reforma:
1º – Congresistas, diputados y concejales no deben ser reelegidos por más de una vez, eso de atornillarse en las curules, estilo Roberto Gerlein Echeverría, entre otros en el Congreso de la República, por casi cincuenta años, además de vergonzoso genera tentáculos de gamonalismo, clientelismo y malas mañas.
2º – Los sueldos, salarios y emolumentos de los congresistas y diputados deben ser revisados ajustándolos a sus justas proporciones, y no permitir que las curules se conviertan en el trampolín para jubilarse con jugosas pensiones.
3º – Las demandas de los elegidos: cuando a un gobernador, alcalde, congresista, diputado o concejal le sea demandada su curul, los gastos de reposición de las campañas deben quedar en suspenso hasta tanto se falle el proceso de inhabilidad o incompatibilidad.
Por lo demás la reforma política que se está debatiendo en estos momentos con el fin de implementar el proceso de paz y acabar con la corrupción y vicios políticos aún no la conoce el País, da la sensación de que no es más que un sofisma de distracción y que cada gamonal político está trazando sus derroteros para continuar capando curul en nombre de nuestra sufrida democracia y el pacífico público colombiano.
El sitio adecuado para hacer la reforma política que el País angustiosamente viene reclamando desde hace varias décadas no es la Ciudad Heroica; debe hacerse en el Congreso de la República, recinto de nuestra democracia, con la participación de todos los sectores: educativos, sociales, económicos, campesinos, industriales, comerciales, religiosos y políticos.
En el común de los ciudadanos cunde el temor por la tan cacareada reforma política, puesto que hasta la fecha quienes conforman la comisión que redacta el proyecto no pasan de ser unos ilustres desconocidos y ni siquiera se han dignado a convocar a las diferentes organizaciones interesadas en el debate, para que opinen y aporten ideas sobre el particular.
Desde ahora se presagia que tan vital instrumento democrático para recobrar la confianza y credibilidad en nuestras instituciones, la actividad política de nuestro País y acabar con la corrupción que nos tiene acorralados, no pasará de ser todo un fiasco, con unos partidos políticos que pese a encontrarse descuadernados y desprestigiados, buscarán en esta oportunidad la forma de remozarse y reacomodarse, para continuar dando rienda suelta a los abusos de poder, a las componendas politiqueras para seguir conduciendo nuestro País por los tenebrosos despeñaderos de la corrupción y del desprestigio.
Finalmente, la reforma política debe ser aprobada por el constituyente primario, mas no por el Congreso de la República, puesto que el máximo órgano legislativo del País no tiene autoridad moral para hacerlo.