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Producción, Comercialización y Consumo

Uriel Ortiz Soto
14 de diciembre de 2011 – 03:02 p. m.

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Hay una pregunta cautiva, con una respuesta igual, en el corazón de la mayoría de los ciudadanos: es el tema de la legalización de la droga. La mayoría dice en voz baja, que las políticas antidrogas no han arrojado los resultados requeridos.

Esto es cierto, pero nadie se atreve a sostenerlo, porque lo pueden tildar de narcotraficante. ¡Qué horror! Tanto prejuicio, no muestra los caminos adecuados para iniciar un proceso de prevención, educación y resocialización. Todo parece indicar que los gobiernos del mundo, y ciertas organizaciones nacionales e internacionales, ante los continuos debacles que han sufrido con las medidas represivas para combatir la Producción, Comercialización y Consumo de drogas, están optando por modificar sus posiciones con tendencia a buscar el camino para la legalización, o despenalización. Sin embargo, preocupa, que en foros promovidos sobre tema tan complejo y delicado, no se esté hablando sobre programas de: Educación, Prevención y resocialización.   

Estoy plenamente de acuerdo con el pronunciamiento reciente de la doctora Viviane Morales, Fiscal General de la Nación, en el sentido de que “Colombia debe fijar una posición clara, valiente y sin miedo, puesto que, es el país, que más ha sufrido a través de varias décadas de lucha con el problema del narcotráfico”.

En la visita de nuestro Presidente, Santos, a varios Países Europeos y de Asía, se dejó sembrada la inquietud, en el sentido, de que es necesario que los Países del mundo, fijen en conjunto una posición clara sobre los avances o fracasos que se han dado en los últimos años y si es del caso, replantear las políticas antidrogas, aún, y si es necesaria modificar la agenda contra tan terrible flagelo.  Sin embargo, es muy importante también la declaración del señor Director de la Policía Nacional, General Oscar Naranjo, en el sentido de que, para hablar de legalización, es indispensable conocer la producción, indudablemente que, estos dos factores deben ir cogidos de la mano, con el fin de darnos cuenta, cuanto ha disminuido su consumo con los sistemas represivos que se vienen aplicando desde hace varios años.

Quienes como columnistas de opinión, nos hemos pronunciado sobre este tema, lo hacemos previo un estudio individual y desde la perspectiva de que los excesos de represión que llevan más de treinta años, jamás han dado, ni darán los resultados esperados, antes por el contrario,  llevan a que los narcotraficantes se inventen nuevos métodos de producción, distribución, comercialización y consumo más sofisticados. Si se hace un estudio sincero y real sobre el narcotráfico en Colombia y en el Mundo, llegamos a la conclusión que son más las desgracias que hemos padecido, que los resultados obtenidos. Por estarnos inventando todos los días medidas represivas que a nada conducen, hemos descuidado lo más importante que es la educación, con programas de prevención para aminorar el consumo de drogas alucinógenas que se distribuyen como productos normales en todas partes, en escuelas, colegios y universidades.

Considero desde la óptica de Comunidad y Desarrollo, que el problema de las drogas no es la marihuana, el basuco o la cocaína; el problema, es la cantidad de alucinógenos naturales que se consiguen silvestres en las áreas urbanas y rurales. La naturaleza es pródiga en este sentido. Los precursores químicos para producir la cocaína y heroína, ya no  necesitan ser importarlos, pueden ser reemplazados por insumos naturales. ¿Qué decir de los productos sintéticos, que se expenden sin fórmula médica y sin ningún control?

No sé, si a los gobiernos de los últimos años, se les ha ocurrido pensar, que la situación de desplazamientos forzados, las masacres, el lavado de activos, la corrupción administrativa con la clase política a la cabeza, la gran concentración de campesinos desplazados en las áreas urbanas, los falsos positivos y las falsas desmovilizaciones, son hijas del narcotráfico.   

Por eso, considero llegó la hora de entrar en un plan de contingencia que desde luego tenga medidas represivas, pero sin abandonar los esquemas educativos. Según analistas expertos en el tema, la represión sobre el narcotráfico, ha dado pie también para que se creen al margen, los grupos subversivos, el paramilitarismo y la delincuencia común organizada. La violencia juvenil tiene en gran parte su origen en la comercialización de las drogas a menor escala, son jóvenes que pelean por su territorio, cueste lo que cueste. Desde los establecimientos educativos empiezan a formarse pequeños carteles, que son manejados desde la parte exterior por verdaderos  profesionales en el oficio.   

Urielos@telmex.net.co

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