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La complejidad del Caribe

Weildler Guerra
10 de junio de 2016 – 09:00 p. m.

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El próximo 5 de julio se cumplirán cuatro años del fallecimiento de Michel Trouillot (1949-2012), un intelectual haitiano de primera línea con ideas provocadoras y un antropólogo que se desenvolvía con soltura y competencia en los terrenos de la filosofía y de la historia.

En general, la obra de Trouillot constituye una original contribución a la antropología de la historia, que examina cómo los silencios sobre importantes eventos históricos son activamente manufacturados desde el poder, y, al mismo tiempo, sus indagaciones se consideran un inmenso aporte a los estudios sobre el Caribe, una región marcada de manera indeleble por un pasado colonial.

Trouillot sostuvo que las sociedades del Caribe son inescapablemente heterogéneas y esta heterogeneidad es un resultado de la historia. La heterogeneidad es una marca de su complejidad. Esta es una región en donde el “pentecontestalismo” puede ser considerado tan indígena como el “rastafarianismo”, en donde algunos habitantes de las Indias Orientales encuentran la paz participando en rituales africanos de Changó. Una de sus preguntas centrales es: ¿quién es el nativo en el Caribe? ¿Los judíos del Caribe holandés? ¿Los descendientes de migrantes de la India en Trinidad? ¿Los nietos de esclavos africanos en Haití? ¿Los criollos de ascendencia hispánica de Cuba y Puerto Rico? ¿O los herederos de los indígenas de Dominica? La historia, según Trouillot, es la clave para responder estos y otros interrogantes.

Este pensador haitiano considera que conceptos guardianes como “nativo” constituyen rasgos mitificados por la teoría antropológica para atar el objeto de estudio. Ese término constituye una simplificación teórica para restaurar el presente etnográfico y proteger así la supuesta eternidad de la cultura. La población en los territorios insulares, como en aquellas áreas continentales, es con frecuencia producto de complejas mixturas, como nos lo muestra el caso de los garífunas de Honduras y Belice. Trouillot piensa que, con una población que no era mayoritariamente blanca, este territorio no se acercaba lo suficientemente a Occidente como para atraer la atención de los sociólogos y, dado el origen de sus habitantes, la población aún no era lo suficientemente “nativa” como para caer en el espacio salvaje en donde los antropólogos suelen encontrar a los sujetos de su preferencia.

Las sociedades del Caribe son por excelencia plurales. Algunos investigadores han expresado que ellas se posicionan como auténticos armazones políticos cubiertos con sistemas de valores yuxtapuestos que sólo se mantienen juntos por el poder vertical del Estado. Los habitantes del Caribe no debemos olvidar, sin embargo, que no somos sociedades aisladas ni compartimentadas. Las agrupaciones e identidades locales que uno tiende a tomar por naturales no son ni estáticas ni inmutables, son creaciones humanas, resultados cambiantes del pasado, y aún son procesos en curso.

Estamos tempranamente inmersos en unas historias y unas geografías más amplias que han generado, y lo siguen haciendo, circuitos y flujos enriquecedores de personas, artefactos e ideas. Conscientes de ello y merecedores de un espléndido futuro, los pueblos del Caribe podemos ser fieles al papel que el gran Derek Walcott nos ha señalado: ser mujeres y hombres adánicos y, por tanto, capaces de realizar unidos inmensos prodigios.

wilderguerra@gmail.com

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