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Lo caribe y lo cimarrón en Galeotto Cey

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MAYO NOS HA DEJADO LA PÉRDIDA de inestimables amigos y maestros como Lácydes Moreno y Óscar Collazos.

Ahora que su ausencia es notoria en el país es posible recordar cómo ambos estaban unidos por una extraordinaria sensibilidad hacia el Caribe, los libros antiguos y la buena mesa. Leer puede ser una de las formas de mitigar la nostalgia que su vacío nos deja y hace posible encontrarnos con crónicas que nos hubiese gustado compartir y degustar con ellos. Uno de esos libros extraordinarios por su singular perspectiva es el Viaje y Descripción de las Indias de Galeotto Cey que describe la estancia de ese viajero florentino, primo pobre de los Medici, en este continente durante el periodo comprendido entre 1539 y 1553.

Lo que hace diferente la narración de Cey del enfoque de otros viajeros de su época es justamente su mirada cínica sobre América, dotada de una desvergonzada sinceridad y de una tendencia a describir los hechos de una forma intolerablemente precisa. Sin embargo, su mirada cínica se convierte en una inestimable ventaja cuando Cey describe con precisión el sistema alimentario de la población indígena o profundiza en la etimología de los términos nativos que se incorporaron prontamente a la lengua castellana.

Caribe es una de esas palabras. Cey nos dice que “es un vocablo indio que significa cualquier cosa fuerte, venenosa, cruel, iracunda, como si dijéreis la pimienta o alguna cosa que tuviese esa fuerza, o vinagre muy fuerte, para decirlo diríase en indio tal cosa es caribe, de cuchillo que corte bien, de un hombre extraño, arisco y cruel se diría un hombre caribe”. Es claro aquí que lo caribe se asocia con una supuesta antropofagia indígena que sirvió para legitimar el discurso moral que España empleó para justificar la invasión y destrucción de las Indias y a la vez personifica la angustia y el miedo del colonizador.

Otra expresión descrita por el florentino es “cimarrón”, término que convencionalmente vinculamos con rebeldes de origen africano. Cey describe cómo se habían formado en tierras americanas muchas manadas de ganado salvaje “que las llaman cimarronas, porque los indios a cualquier cosa fugitiva le dicen ‘cimarrón’ y los cristianos han tomado ese vocablo como muchos otros”. La palabra simaluna existe hoy en lenguas como el wayuunaiki para describir espacios o seres de carácter montaraz. Investigadores cubanos como José Juan Arrom en su ensayo “Cimarrón: apuntes sobre sus primeras documentaciones y su probable origen” la consideran de origen indígena.

Releer a Galeotto Cey es sumergirse en el arco inmenso del Caribe que dio a la naciente Europa el espacio material y simbólico necesario para establecer la imagen del Otro salvaje. Una región en donde, como dijo Levi Strauss, la humanidad del Viejo Mundo, que se creía plena y entera, se vio de un día para otro frente a frente a otra evidencia del género humano y descubrió que ella no era más que una mitad de aquella.

wilderguerragmail.com

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