Padura, en el Caribe colombiano

Weildler Guerra
20 de enero de 2017 – 09:00 p. m.

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Cuando el escritor cubano Leonardo Padura obtuvo el premio Príncipe de Asturias en el año 2015, el jurado consideró que su obra constituía “una soberbia aventura del diálogo y la libertad”.

 Además de la calidad de su producción literaria, este autor es calificado como un intelectual independiente, de firme temperamento ético. Padura ha manifestado que “el gran desafío de la literatura es poder expresar de la mejor y más bella forma posible la necesidad espiritual, filosófica, intelectual que cada uno tiene”.

¿Quién no ha sentido una desbordante simpatía por la figura de Mario Conde, un detective desencantado y humano, amante de la buena comida, el ron, la música y los libros antiguos, que, como lo ha definido el actor Jorge Perugorría, quien lo ha interpretado en varios filmes, “es igual que La Habana, tan decadente como atractivo. Ambos se caen a pedazos aunque mantienen su encanto”? Padura considera la literatura como una estilización de la realidad, pero en sus novelas no hay nada que no sea real ni verosímil sobre la sociedad cubana. Ante el dilema de quedarse en su país o migrar, optó por permanecer a la espera de tiempos mejores. Como él mismo lo ha confesado, “por simple tozudez, desidia o miedo a lo desconocido”.

Una vez que el lector conoce una de sus novelas, como El hombre que amaba a los perros, Máscaras, Herejes o La neblina del ayer, queda inevitablemente suscrito a la hedónica lectura de la saga de Mario Conde y a un autor que es un gran urdidor de ficciones cuya obra, como consideran algunos críticos, tiene la influencia de la novela negra norteamericana y de escritores como Dashiell Hammett y Raymond Chandler. Sin embargo, Padura, al igual que La Habana histórica y ecléctica, recoge tradiciones estéticas plurales. En su obra Con la espada y con la pluma, sobre el Inca Garcilaso de la Vega, vindica a este autor mestizo como el primer hombre que siente el conflicto de ser hispanoamericano.

Al examinar la trayectoria histórica de su Cuba natal, Padura la considera un país desproporcionado, cuya proyección universal no se corresponde con sus dimensiones geográficas. Y esto puede explicarse por las aportaciones cubanas en el campo de la literatura, las artes, la música y la política. Figuras como Alejo Carpentier, Nicolás Guillén y Guillermo Cabrera Infante tuvieron una gran proyección fuera de su país. Y a ello podemos sumar a la bailarina Alicia Alonso, al gran ajedrecista Capablanca y a una revolución que, frustrada o no, en el siglo pasado fue un gran referente de la izquierda universal.

Viene Leonardo Padura a Colombia este mes de enero y se presentará en Cartagena y en San Andrés, gracias a una alianza entre el Hay Festival de Literatura y el Banco de la República. Los lectores, sus grandes cómplices, como él los ha definido, podrán escuchar a un autor que el director de la Real Academia Española, Darío Villanueva, ha considerado como un persistente indagador de lo culto y lo popular, en el que se evidencia su arraigo en la tradición, pero que a la vez constituye un escritor decididamente contemporáneo.

wilderguerra@gmail.com

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