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La promesa de los que escribimos columnas o hacemos periodismo, no es la infalibilidad, es la seriedad con la que manejamos la información.
En ese ejercicio no estamos exentos de equivocarnos, pero si estamos obligados a enfrentarlo cuando lo hacemos, o por lo menos así lo pienso yo.
Aquí lo estoy enfrentando.
El domingo 10 de mayo publiqué una columna en este medio titulada Las Guacharacas, sobre los negocios del expresidente Álvaro Uribe Vélez con el señor Alberto Villegas Uribe, alias “el Tubo”, y los hermanos Pedro David y Santiago Gallón Henao. (Ver acá)
El día siguiente, don Santiago Uribe Vélez, señor investigado por la justicia por sus supuestos nexos con el grupo paramilitar el Clan de los 12 Apóstoles y hermano menor del expresidente Uribe, envió una carta con importantes aclaraciones sobre mi columna. (Ver acá)
Me equivoqué en dos fechas, como bien me hace caer en cuenta don Santiago Uribe. Y lo admito y reconozco.
La más crucial, la fecha del cruel y lamentable asesinato del padre de los Uribe Vélez, don Alberto Uribe Sierra, quien murió el martes 14 de junio de 1983 a manos de las Farc.
La segunda, es la fecha de la venta de la hacienda Guacharacas, por parte de la sociedad Uribe Vélez Asociados Ltda. a Ganados del Norte S.A., que, como bien dice don Santiago Uribe, se realizó en julio de 1996.
Un dato adicional que comparte don Santiago Uribe es que fue él quien manejó directamente la venta de la hacienda La Manada en 1984 al señor Villegas Uribe.
Importantes aclaraciones todas.
Ahora bien, en este axioma, el orden de los factores no altera el producto.
Villegas Uribe fue un paramilitar que lideró originalmente la Convivir El Cóndor en el municipio de San Roque, y fue el expresidente Uribe en noviembre de 1996 que, actuando como gobernador de Antioquia, legalizó esa entidad.
Villegas fue aniquilado posteriormente por ordenes del paramilitar alias Julián Bolívar por la omisión de reportar a la estructura un laboratorio de cocaína que había montado, presuntamente, en compañía con los hermanos Gallón Henao. Según los testimonios del paramilitar alias el Tuso Sierra, Villegas y los Gallón sacaban la droga por Urabá con la vigilancia y el beneplácito de alias El Alemán.
Unas joyas.
Los hermanos Gallón Henao, relacionados con Ganados del Norte, son unos caballistas, ganaderos, paramilitares y presuntos narcotraficantes, que se hicieron sabidos en 1994 por ser los autores intelectuales de la trágica muerte del futbolista Andrés Escobar. El delito del jugador: un autogol. La sentencia que le propiciaron los Gallón Henao: seis tiros en la espalda.
Como confirmó don Santiago Uribe Vélez en su carta, y según consta en la oficina de registro de Yolombó, en julio de 1996, dos años después del crimen del futbolista, la sociedad Uribe Vélez Asociados Ltda. vendió la mitad de la Hacienda Guacharacas a Ganados del Norte, cuyo gerente era el señor Rodrigo Medina Vélez.
La venta del terreno se dio en planea condena de los Gallón Henao por la muerte de Escobar, quienes gozaron de privilegios difíciles de entender para la familia del fallecido deportista, ya que fueron condenados a 15 años de prisión domiciliaria y luego se les otorgó libertad condicional.
Posteriormente, Santiago Gallón Henao admitió ante la justicia que participó en la financiación de los sanguinarios bloques paramilitares Central Bolívar, Cacique Nutibara y Héroes de Granada, que operaron en el departamento de Antioquia. Y, en cambio, a su hermano Pedro David, se le acusó de ser el enlace entre “La Oficina de Envigado” y la Policía, en particular con el general (r) Mauricio Santoyo Velasco, quien fue jefe de seguridad del expresidente Uribe, y extraditado a Estados Unidos por acusaciones de narcotráfico.
Otras joyas.
No cabe duda que me equivoqué con ciertos datos de mi columna anterior y por eso le agradezco a don Santiago Uribe para poder corregir la falta. Pero también es cierto que los hermanos Uribe Vélez se han equivocado, varias veces, en su criterio para seleccionar a las personas con las que hacen negocios, o se rodean.
Que hayan recibido dineros por la venta de diferentes tierras, de personas que resultaron con las manos manchadas de sangre por narcotráfico y paramilitarismo, es, simplemente, una espinosa equivocación.