Memoria

Yohir Akerman
21 de octubre de 2018 – 02:50 a. m.

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El 2 de mayo del 2002, un cilindro bomba cayó dentro de la iglesia de Bojayá, en Chocó, donde los habitantes se protegían de un horrible enfrentamiento entre la guerrilla y las Auc. El hecho ocasionó la muerte de 119 personas, dos de ellas después del ataque, y el desplazamiento de casi 6.000 civiles.

Este es uno de los ataques más sangrientos y violentos de la guerrilla de las Farc y su actuar siempre será inconcebible y tenido en la memoria. Pero no solo el de los guerrilleros.

Cuando el entonces comandante de la Cuarta Brigada del Ejército, Mario Montoya Uribe, llegó a la zona un día después de la masacre y vio la cantidad de periodistas, mandó a uno de sus oficiales a comprar unos zapatos de bebé.

Como si la devastadora escena no fuera suficientemente escalofriante, Montoya, ante una de las cámaras, sacó uno de los zapaticos y antes de la entrevista comenzó a llorar. Como un dato aparte, esas mismas cámaras lo grabaron después casual dando órdenes a sus oficiales, rodeado de paramilitares y en completa coordinación con ellos. (Ver Video conocido en 2010).

Esa no fue la única vez que Montoya trabajó en coordinación con los paramilitares, o inventó supuestas víctimas, ya que, peor aún, también creó falsos guerrilleros.

El 7 de febrero de 2008, Darvey Mosquera y dos amigos salieron del municipio de Pradera, Valle, con la idea de conseguir un trabajo que les había ofrecido un soldado. En el camino fueron detenidos por otros miembros del Ejército que les dispararon.

El cuerpo de Darvey, hijo de la señora Alfamir Castillo Bermúdez, apareció después en una fosa común usando un uniforme camuflado, con botas pantaneras, y fue presentado como “guerrillero muerto en combate”. Los autores eran miembros del Batallón 57 del Ejército.

Imperdonable.

El pasado 13 de septiembre se llevó a cabo la primera audiencia de sometimiento del general Mario Montoya Uribe, el militar de más alto rango en comparecer ante la Jurisdicción Especial de Paz. Para empezar la diligencia se leyeron los nombres de los jóvenes que fueron presentados falsamente por el Ejército como guerrilleros muertos en combates en un escándalo que se denominó falsos positivos.

En total fueron 38 desgarradores minutos de la audiencia leyendo los nombres de las víctimas de las fuerzas que debían protegerlos. (Ver Audiencia de sometimiento).

Es importante resaltar que, durante la segunda audiencia, una de las víctimas, la señora Alfamir Castillo, dejó constancia verbal de que ha recibido amenazas de muerte para no declarar dentro del proceso.

Lo mismo pasa con otro importante testigo. El señor Róbinson González del Río fue coronel del Ejército hasta 2014 y actualmente ha recibido amenazas de muerte. González del Río fue condenado en segunda instancia a 37 años de prisión por su participación en el asesinato de dos jóvenes en la vereda Trocaderos del municipio de Neira en septiembre de 2007, como parte de los falsos positivos dirigidos por Montoya Uribe. (Ver Testimonio).

Según este testigo, y otros, el general Montoya disfrutaba con cosas tan sanguinarias como envenenar a sus víctimas o lanzar desde los helicópteros del Ejército a guerrilleros heridos en combate o a las personas que él consideraba “terroristas”.

Todas cosas que se tendrán que resolver en la JEP y quedar registradas en la memoria de los colombianos y la historia del país. Pero ahí viene otro problema.

Uno de los postulantes para dirigir el Centro Nacional de Memoria Histórica es el señor Fernando Vargas Quemba, impulsado por la Asociación Únete por Colombia. (Ver Carta).

Fuera de los lamentables comentarios que ha hecho este personaje en redes sociales que lo descalifican para dirigir esta importante entidad, es necesario recordar la columna de Daniel Coronell que lo menciona.

En ella se denuncia que bajo la respetable denominación de víctimas de la guerrilla se están agazapando los nazis en Colombia en simpatía con los grupos paramilitares.

“Armando Valenzuela Ruiz, a quien los nazis del Movimiento Tercera Fuerza llaman “valuarte (sic) para la lucha nacionalsocialista”, fue uno de los tres fundadores del Movimiento de Restauración Nacional (Morena) impulsado por los paramilitares del Magdalena Medio. Los otros dos fueron Iván Roberto Duque y el señor Vargas Quemba. (Ver La huella nazi).

Como lo denunció Coronell, una foto de 1989 muestra al señor Vargas Quemba en la presentación del movimiento Morena en Bogotá. En la misma imagen está el ideólogo nazi Armando Valenzuela Ruiz. A espaldas de ellos se ve la bandera del Morena coronada por un crucifijo y un símbolo nazi: la cruz solar que, junto con la esvástica o cruz gamada, hace parte de la infame iconografía del Tercer Reich.

La historia no puede ser escrita por los victimarios. Y en el caso de los falsos positivos el Ejército lo fue tanto o más que la guerrilla. Por eso hay sectores interesados en imponer su versión de los hechos con amenazas, falsos testigos o mentiras para, entre otras, minimizar la responsabilidad de personas como el general Mario Montoya en esas atrocidades.

Eso no se puede permitir.

@yohirakerman

akermancolumnista@gmail.com

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