La paz en su laberinto

Yolanda Ruiz
12 de abril de 2018 – 12:55 a. m.

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Como si se tratara de una maldición bíblica, al proceso de paz le han caído varias plagas. Además del escepticismo de muchos colombianos frente a un acuerdo que no logró generar consenso, ahora se cuestiona el manejo de los dineros, hay peleas en la JEP y capturan a Jesús Santrich acusado de narcotráfico. No creo que se trate del apocalipsis, como dicen los profetas del desastre, pero este sí es un reto grande y el caso Santrich en especial es emblemático para la Jurisdicción Especial de Paz que se juega su prestigio y la confianza en el nuevo sistema.

Ha comenzado ya el debate sobre si la decisión de la JEP en esta captura es simplemente dar traslado a la justicia ordinaria dado que los cargos se refieren a hechos posteriores a la firma o si debe hacer algo más. Dice la presidenta de la JEP, magistrada Patricia Linares, que se trata de un procedimiento judicial que tiene su trámite. Que se haga en el marco de la ley muy bien, pero que se vaya a enredar en vericuetos legales es un riesgo mayor. Ojalá los nuevos magistrados de la Justicia Especial entiendan la importancia de la decisión y el peso que tiene en su credibilidad futura.

Reto también para el partido FARC que ha salido a manifestar solidaridad de cuerpo con Santrich y a hablar de montaje. Es de vieja data esa posición de los partidos o gobiernos defendiendo a sus miembros acusados cuando lo que cabe aquí es pedir que la justicia actúe y, si se cometieron delitos después del acuerdo, que se castiguen como debe ser. El partido FARC tiene derecho a pedir respeto al debido proceso, pero no a esperar que sus miembros sigan delinquiendo impunemente.

Por otro lado, los críticos del proceso aseguran que esto demuestra que las Farc nunca dejaron de delinquir ni desmontaron sus estructuras criminales. Hasta el momento no hay pruebas de la Fiscalía que indiquen que esa acusación se pueda extender a todo el grupo guerrillero hoy convertido en partido político. De hecho hay decenas de exmilitantes que ya se han graduado de cursos en el Sena o que están en proceso de montaje de proyectos productivos. Es cierto que el proceso va lento, que han crecido las disidencias por cuenta del atraso del Estado, pero descalificar a cientos que quieren reinsertarse por las acusaciones contra uno de sus miembros es injusto.

En la otra crisis, que no se puede sepultar bajo la captura de Santrich, el Gobierno aún no acaba de explicar los manejos de los dineros de la paz que están en múltiples fondos que no acabamos de entender. La Fiscalía dice que hay red de intermediarios que quieren quedarse con su tajada y al escribir esta columna se esperaban detalles de esas denuncias. En un país en donde se roban la plata de los niños y tenemos el cartel de la hemofilia, el del sida, el de la toga, el de los locos, pues no extraña que aparezcan los corruptos detrás de la jugosa chequera de la paz. Es natural que haya dudas y preguntas de las embajadas, de los organismos de control y de los ciudadanos. En este capítulo faltan investigaciones y muchas respuestas.

Pasa un mal momento el proceso de paz, pero estaba cantado: lo difícil no era firmar, sino implementar ese acuerdo farragoso, complicado, lleno de burocracia, de incisos y detalles que tiene flancos débiles. Pero lo cierto es que con ese acuerdo se desmovilizaron y se redujeron las muertes y las confrontaciones. No es opción volver a la guerra de modo que entre todos se debe enfrentar la crisis y avanzar porque a nadie le sirve que el proceso fracase. En los intereses mezquinos de la política algunos lo quieren ver roto, pero si pensamos en futuro de país, las partes deben cumplir, la justicia debe actuar y los recursos para el posconflicto se deben cuidar.

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