Tiempo de escuchar

Yolanda Ruiz
07 de junio de 2017 – 09:00 p. m.

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En estos tiempos de diálogo de sordos y gritos desbordados qué bueno sería silenciar nuestras palabras para poder escuchar al otro. Escuchar, por ejemplo, el mensaje que llega desde Cajamarca, Támesis y Cumaral en donde por una vía u otra la gente le está diciendo no a la minería y a la explotación de petróleo. Un desafío inmenso el que plantean estos ciudadanos a una sociedad acostumbrada a que las decisiones de fondo se tomen siempre desde el centro.

Y, aunque en mi opinión tienen razón esos municipios que temen por el futuro del agua y la comida, creo que es momento también para escuchar a quienes argumentan riesgos económicos de fondo si seguimos por la senda de prohibir sin parar. El efecto dominó se comienza a sentir y aunque cada municipio habla por lo suyo, el impacto general puede ser inmenso y de consecuencias impredecibles. El país es uno solo. Por eso también desde allí hay una dosis de razón.

Es momento de escuchar y de evitar voces maximalistas porque vamos todos en el mismo barco y creo que estamos asistiendo a una de esas revoluciones históricas que solo se entenderá en toda su dimensión cuando lleguemos al otro lado. En buena hora nos estamos dando cuenta de que el planeta no es infinito, que lo hemos desgastado demasiado y que el modelo que tenemos tiene un costo inmenso que no tiene que ver necesariamente con dinero. Los costos del crecer y crecer como meta permanente de la economía y de extraerle a la tierra todo lo que se pueda se pagan en vidas y sobretodo en futuro. No se trata solamente de la minería, también la ganadería, la agricultura extensiva, la colonización, que antes se veía como el gran logro de los seres humanos, han golpeado un planeta que se queja todos los días. No es extraño entonces que desde las regiones, en sintonía con la tendencia en el mundo, se comience a alertar por la necesidad de pensar en las consecuencias de lo que hacemos.

La salida al choque de trenes que ha quedado planteada entre los municipios y la nación, no es desconocer lo que dice la gente que se pronuncia al amparo de los recursos dados por una Constitución que por fortuna es incluyente y no totalitaria. La salida es escuchar y buscar caminos de convergencia entre los intereses de unos y otros porque lo que se grita desde las regiones no es un argumento menor ni se puede descalificar con argucias legales. Es un cansancio frente a algunas empresas que han llegado a extraer riqueza sin que las poblaciones sientan que las incluyen en el reparto. Muchas veces se quedan con el cascarón de la pobreza en zonas deforestadas y con serios problemas ambientales.

Es necesario reconocer que hay minería más responsable y que no se puede meter a todos en el mismo saco, pero toda explotación de la naturaleza deja sus consecuencias y la pregunta es si estamos haciendo lo que se debe para mitigar el impacto y garantizar que tengamos un desarrollo sostenible y no arrasador. Que haya futuro es lo importante porque si gastamos sin pensar en las consecuencias, que no nos sorprenda cuando la naturaleza pase su factura. Ya lo hemos visto en tantas emergencias.

A pesar de que en esto se mueven todo tipo de intereses económicos y políticos, qué bueno sería escuchar sin prevención para escoger el mejor camino para una transición que es inevitable y que vendrá tarde o temprano porque la manera como lo estamos haciendo no es sostenible indefinidamente. En un año electoral muchos intentarán pescar en río revuelto y si no se escucha a las comunidades a tiempo no sabemos en dónde vamos a terminar. Propongo escuchar.

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