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Dramática italia

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Clásica eliminación a la italiana. Con todo el contenido emocional que los tanos suelen darles a sus actos.

Desbordados en el juego, tomando la pasión y el fuego interior como elemento para intentar sofocar la rebelión eslovaca. Fuera del Mundial por lerdos y equivocados en defensa, pesados e inútiles en ataque, sin hilo conductor en el medio para llevar la pelota adelante.

A diferencia de otras selecciones italianas con poco gol pero mucha táctica, reyes del catenaccio y las marcaturas, esta escuadra azzurra de Lippi murió víctima de sus descomunales fallos defensivos. La pareja central de la Juventus, Chiellini-Cannavaro, recibió en la temporada del calcio 55 goles y así les fue en la selección: un desastre. Y, para colmo de males, el ángel guardián del arco italiano, el gran Buffon, se lesionó muy temprano y abandonó la puerta a un juvenil y poco confiable Marchetti. Desde allí, desde la lesión en la espalda de su arquero, Italia empezó a sospechar que las uvas estarían verdes y por primera vez desde 1974 sería apeada en la primera ronda de un Mundial. ¡Toda una vergogna!

La eliminación pone fin a un ciclo y a una camada de jugadores. Algunos de ellos perpetuados en la escuadra nacional por la gratitud del técnico Lippi a sus prestaciones de hace cuatro años cuando llegaron al título mundial. Ayer, Roberto Donadoni en la Euro 2008 y hoy el mítico Lippi, los italianos parecen no darse cuenta de que viven del pasado y que su presente es oscuro. Sus clubes faro e insignia, el Inter y el Milan, están concebidos con el módulo de equipos “extranacionales” y el cupo para los nativos es limitado. El vencedor de la Champions no tiene un solo local en la titular. El seleccionado italiano está conformado por jugadores de la mediocre Juventus, cuarto en el torneo local, y otros equipos de mediano valor como la Fiore, Udinese y Roma.

En el fútbol italiano de hoy no hay lugar para el talento y la fantasía. Jugadores como Del Piero y Totti en un pasado reciente, Mazzola y Rivera mirando más atrás, son superados por futbolistas del tipo “mastín”, aguerridos-defensivos-tácticos-luchadores. Es decir, el overol, el martillo y la brocha gorda, nada de pincel y cincel para dibujar o esculpir el fútbol.

Pero, conociendo la historia y conociendo su indomeñable amor propio que les impide hacer el ridículo dos veces seguidas, los italianos se reinventarán a sí mismos, volverán a la lucha, montarán una nueva escuadra y pronto tendremos noticias de ellos. Su orgullo es ilimitado y, a pesar de individuos como Berlusconi, el talento y las ganas de sobresalir, el megaego italiano los llevará a tomar medidas para que el calcio y la nazionale vuelvan a ser importantes en el mundo del fútbol.

Por ahora, sólo acaban de producir un acto más de su magnífico espíritu dramático, fue una eliminación a la italiana.

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