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Vámonos por Drexler. Sabía de él que es el creador de la única canción en español que ha ganado un Premio Oscar. Esta semana lo escuché con detenimiento en una entrevista con Érika Fontalvo para El radar y supe que, además, es un médico otorrinolaringólogo, con ideas claras, una historia reciente en la música y un aprecio por este país en el que viven algunos parientes suyos (su abuelo, incluso, murió aquí) y al que jamás había venido.
Confieso mi escepticismo cuando supe que era el elegido para abrir “comercialmente” el nuevo escenario de la calle 170 con Avenida Boyacá. No me cabía duda de que era un artista de culto, mas no imaginé que, sin mayor publicidad, la boletería se agotaría con días de anticipación.
Pero la elección no pudo ser mejor. Drexler es un gran cantante, con unos registros de voz estremecedores. Es un animador de su propio espectáculo, divertido, afectuoso, mago de la palabra, capaz de conectarse con el público en cuestión de minutos y un recursivo improvisador. Tiene la particularidad de “componer” en directo una “canción” para impartir instrucciones a los técnicos, corregir alguna falla o dirigir la participación de las palmas y los coros de los espectadores. Y lo increíble es que se le oye bien. Pude ver y sentir todo esto en primer plano, aunque estuviera en el segundo balcón y en la parte más alejada del teatro. Tuve el privilegio de ver el recital desde la cuarta fila de atrás para adelante. Y digo privilegio porque comprobé con satisfacción que quien compre la boleta más económica en este teatro vivirá su propia película: vista panorámica, cercanía con los artistas, sonido nítido, temperatura ideal y la certeza de que nadie lo tapará ni nadie lo golpeará en el espaldar de su silla.
La noche con Drexler fue la primera para casi todos. Para la mayor parte del público, para él, que no había cantado jamás en Bogotá, y para el teatro, que abría sus puertas a centenares de personas con boletas compradas. Drexler mismo dijo que estaba feliz en ese recinto y que era “el que mejor le sonaba” de cuantos había conocido. Se declaró orgulloso de que “se lo hubieran dado para estrenar” y fue evidente que lo disfrutó.
Con los días se irán ajustando algunos detalles logísticos, pero sin conocer yo nada sobre el negocio del espectáculo, creo que a la música le esperan grandes cosas con Jorge Drexler y a Colombia muy buenos momentos con este teatro.