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Acuerdo sobre lo fundamental

Es lamentable que tengan que pasar tragedias como la de Casanare para que todos los colombianos entendamos que durante años no hemos hecho otra cosa sino abusar del medioambiente y, sobre todo, del uso del agua.

07 de abril de 2014 – 08:12 p. m.

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Es problemático que, por ejemplo, desde 1906 haya planes para descontaminar el río Bogotá y tenga que ser el Consejo de Estado, un siglo después, el que le diga al Gobierno que haga algo para salvarlo: un afluente al que las curtiembres, en conjunto con los tóxicos de las minas, industrias, cultivos y habitantes de la sabana, así como de los residuos de todos los bogotanos, convirtieron en una alcantarilla gigante de 400 kilómetros.

Eso en la capital. El panorama, a nivel nacional, es también desastroso: los ocho glaciares que hay en Colombia están descongelándose rápidamente, como es el caso del de la Sierra Nevada de Santa Marta, cuya tragedia fue denunciada por el mismo presidente Juan Manuel Santos; los ríos están arruinados por la minería en el sur de Bolívar, en Chocó, en el oriente antioqueño y en otras regiones; las ciénagas han sido desecadas por el ejercicio indiscriminado de la ganadería en Córdoba y los alrededores de la mojana sucreña; los campesinos vierten sus desechos en la laguna de Fúquene y los cebolleros le quitan terreno a la laguna de Tota; las mineras no tienen contemplación con el mar con tal de exportar su carbón; los tierreros secan los humedales para construir urbanizaciones piratas en Bogotá, y, como si esto fuera poco, hay 800 municipios en los que el agua no es de calidad y otros tantos en los que, sencillamente, es mejor tomar agua de lluvia. Un desastre.

En momentos como este es muy fácil echarles la culpa a los sospechosos de siempre: las petroleras y las mineras. O también repetir el mantra del siglo XXI: el cambio climático, a la mejor usanza de nuestras autoridades. Cierto es que pueden tener su parte de culpa, pero también es necesario un cambio por parte de los ciudadanos: para que actúen como tal, tanto en la exigencia de cuentas como en la acción individual. Es un buen momento para que el reciclaje y el medio ambiente dejen de ser vistos como algo de lo que se encargan unos locos ambientalistas. Hay que empezar a ver la contaminación como un problema del que todos somos culpables y en el que todos debemos contribuir a la solución.

Y, más hoy que nunca, hay que ser conscientes de algo que suena obvio, pero que al parecer no lo es tanto: si seguimos tratando de esta forma el agua algún día se va a acabar. No fue un chiste esa vieja profecía de que nos quedaríamos sin agua a pesar de ser uno de los países con más fuentes hídricas. Hoy, con todos los problemas denunciados, esa realidad está a la vuelta de la esquina.

Hace cuatro años varias organizaciones propusieron un referendo por el agua que, al final, no logró abrirse paso en la Cámara de Representantes. Quizá no haya que hacer un referendo, pero sí, por lo menos, pensar en un acuerdo nacional sobre el tema. Una oportunidad para comenzarlo puede darse hoy, en el foro BIBO que han organizado El Espectador, la WWF (Fondo Mundial para la Naturaleza) e Isagén: en el marco de las elecciones presidenciales, en donde algunos de los candidatos debatirán sobre su planes de políticas públicas para el manejo del recurso hídrico a la luz de las conclusiones que ese proyecto de este diario ha venido construyendo año a año.

Lo urgente y no lo necesario. ¿No sería bueno que esta generación cambiara su enfoque para con el medioambiente y así las próximas generaciones no tengan que vivir en un país sin agua? La discusión nacional está pendiente. El Gobierno y los otros candidatos tienen la oportunidad de tomar el liderazgo.

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