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Desplazando a Venezuela como segundo socio comercial, el valor del intercambio con el país austral alcanza hoy los US$3.000 millones. Sólo en un lapso de cinco años el comercio alcanzó a multiplicarse por seis. Se espera que con la consolidación del TLC y la integración bursátil que entró en vigencia esta semana, las cifras continúen por el mismo rumbo. De aquí que el presidente Juan Manuel Santos, tras su regreso del funeral del ex presidente Néstor Kirchner, haya asegurado: “Las relaciones con Chile tienen una especial importancia. Tan importantes son, que el primero que viene en visita oficial, en visita de Estado, va a ser el presidente de Chile”. La llegada al país el pasado miércoles del presidente Sebastián Piñera, para cuyo país Colombia representó el segundo destino de las inversiones este año, así lo confirmó.
Por las posturas sostenidas por el presidente chileno tanto frente al presidente Santos, como ante el Congreso y la Corte Suprema de Justicia, quedó claro que Chile quiere unificar su agenda económica con Colombia y concretar la propuesta del presidente peruano Alan García de crear un espacio de libre circulación de bienes, servicios y personas entre los tres países. También se habló de formar un bloque para negociar en conjunto con Asia, que incluya a Ecuador y Panamá. Santos agregó su voluntad de extenderlo a otros países, incluido México, aunque todavía las relaciones no parezcan concretarse. Más allá de quienes adhieran a la lista, la insistencia de Piñera en una “alianza estratégica” entre países para dejar de ser “subdesarrollados” y “proyectarse juntos” es una gran noticia. Tener a uno de los líderes de la región empeñado en el trabajo conjunto no puede dejar sino buenos resultados, entre ellos, el ingreso de Colombia al Foro de Cooperación Económica Asia-Pacífico (APEC), el cual, Chile, miembro actual, ha secundado.
Como era de esperarse, de la integración económica ha surgido una mayor voluntad política, que ha significado, por lo demás, la unificación de agendas en temas tan sensibles para Colombia como la lucha contra el narcotráfico. Piñera aseguró durante su visita que si su compatriota Manuel Olate es encontrado responsable de las acusaciones sobre presuntos vínculos con las Farc, hará todo lo que esté a su alcance dentro de la ley para que esa conducta terrorista no quede impune y abrió además la puerta a una posible extradición. Gesto que, en medio del malestar que ha causado el asilo de Panamá a María del Pilar Hurtado, no puede sino dejar una sensación grata. La misma que dejó su solidaridad con nuestros damnificados con el invierno, que se tradujo no sólo en discursos, sino en 28 toneladas de ayuda humanitaria.
Sin desconocer la ayuda de EE.UU. y su importancia como destino comercial, llega a buena hora la decisión de Colombia de mirar hacia el sur. Mucho perdimos por no negociar entre nosotros y en bloque, y malos recuerdos han dejado las diferencias fronterizas. No es fácil consolidar toda una región, pero si aprovechamos como debemos el crecimiento económico y la voluntad política de varios de los actuales mandatarios, bien podríamos estar siguiendo el ejemplo de los europeos, cuya primera opción ha sido desde hace años la integración de los mercados y la consolidación de sus democracias a través de una diplomacia inteligente y calmada. Nos han tocado buenos años, pero no hay prosperidad que dure para siempre. Qué tanto aprovechemos este impulso, en muchos sentidos externo, depende de qué tanto logremos aliarnos y unificar las agendas. El presidente Piñera está llevando la bandera. Ojalá muchos más sigan adhiriendo a la causa.