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El valor se incrementó 13 por ciento con respecto al presupuesto de 2008. Este crecimiento ha suscitado varias críticas entre los analistas económicos. Algunos han señalado que el presupuesto está creciendo demasiado, lo que trae grandes complicaciones al manejo macroeconómico. Si el crecimiento fuera menor —insisten los críticos—, el Banco de la República no se vería obligado a aumentar las tasas de interés para controlar la inflación. Otros, más suspicaces, han afirmado que el presupuesto tiene, en últimas, un objetivo electoral.
Entre los rubros que más crecen, figuran el gasto en personal del sector defensa (12%), el gasto en personal del sector justicia (14%) y las pensiones (20%). Actualmente el Estado colombiano se aproxima, en su composición, a la caracterización que hizo hace algún tiempo el economista norteamericano Paul Krugman sobre los estados modernos, y sobre el caso de los Estados Unidos en particular. En palabras del economista, los estados parecen cada vez más compañías de seguros que son adicionalmente dueñas de un ejército.
El Gobierno ha argumentado que el crecimiento del presupuesto tiene una causa fundamental: el aumento de los subsidios a los combustibles por cuenta del alza inusitada del precio de petróleo. El monto de los subsidios incluido en el presupuesto asciende a seis billones de pesos. Sin subsidios de combustibles, argumenta el Gobierno, el presupuesto no crece 13 por ciento, sino 8 por ciento, un valor más en línea con las recomendaciones técnicas. El Gobierno también ha argumentado que el presupuesto incluye una serie de pasivos acumulados, deudas históricas que se están pagando en aras de la responsabilidad y la transparencia fiscal.
Afirmar, como lo ha hecho el Ministro de Hacienda, que el exceso del crecimiento del gasto es explicado meramente por los subsidios a los combustibles, sólo es cierto desde un punto de vista aritmético. Si los subsidios están creciendo y están copando una buena parte de los excedentes de Ecopetrol, el Gobierno tendría la opción de reducir otros rubros del presupuesto. Pero no lo está haciendo. Por ello el presupuesto crece bastante. Y por ello los críticos tienen razón en reclamarle al Gobierno mayor austeridad, en un momento de dificultades e incertidumbre.
En últimas, fue el presidente Uribe, en el consejo comunitario celebrado en Chocó el fin de semana, quien clarificó el debate, quien hizo explícitas las intenciones del Gobierno. “Yo prefiero —dijo el Presidente Uribe— que no vayamos tan rápido en la disminución del déficit fiscal, pero que vayamos más rápido en programas sociales… ¿O no estamos de acuerdo en eso? Porque hay veces que cuando critican tanto algunos el crecimiento de Familias en Acción, veo que las Familias en Acción se quedan calladas. ¿Las crecemos el año entrante o no?”.
Las preguntas directas a los interesados no son, sobra decirlo, la forma más responsable de manejar los asuntos fiscales. El Gobierno parece haber decidido, como lo insinuó el mismo Presidente, aplazar el ajuste fiscal. El Ministro de Hacienda tiene una tarea ardua por delante si pretende convencer al Congreso de que el crecimiento del presupuesto obedece simplemente a una aritmética desfavorable. Aparentemente la austeridad tendrá que esperar una coyuntura más propicia. Económica y electoral.