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Palin, quien está abiertamente en contra del aborto (inclusive en casos de violación), sostuvo que permitió a su hija adolescente y embarazada ‘tomar la decisión’ de tener su hijo a tan temprana edad. En un intento por apoyar la crisis familiar, el partido ha invitado a medios y oposición a no inmiscuirse en los asuntos ‘puramente privados y familiares’ de la candidata.
La doble moral republicana es evidente: si se trata de un asunto tan privado, ¿por qué los republicanos lo incluyen en su agenda política proponiendo la prohibición del aborto? Y si Bristol, la hija embarazada de Palin, tiene el poder de decidir, ¿por qué el Partido insiste en que se prohíba a las mujeres ‘tomar decisiones’ con respecto a su embarazo y se les prohíba abortar?
Pero ahí no paran las inconsistencias. Hace algunas semanas el senador republicano por el estado de Idaho, Larry Craig, fue descubierto en un baño de Minneapolis teniendo relaciones sexuales con otro hombre. Y, claro, el escándalo fue de tamañas proporciones. Se podría argüir que el asunto es parte de su vida privada y que no debería ni siquiera aparecer una nota marginal en los medios sobre el incidente. Pero no deja de ser un gran banquete para los medios encontrar a un miembro de un partido que no aprueba el homosexualismo, ni la aceptación o institucionalización de las uniones entre personas del mismo sexo, en semejante escena. De nuevo, es simplemente una cuestión de consistencia. Ese es el talón de Aquiles de los republicanos: en su intento por politizar temas que pertenecen a la esfera privada de los ciudadanos estadounidenses, se someten a un escrutinio de una prensa liberal y con un claro sesgo demócrata, que intenta todos los días demostrar que los republicanos son sólo seres humanos, y que ni ellos mismos pueden alcanzar los exigentes estándares de vida que quieren imponer a todos.
No deja de ser interesante, además, el contorsionismo político que practicó el partido esta semana durante su convención en St. Paul. El objetivo, como lo sugirió el brillante comediante gringo Jon Stewart, era convencer a todos de que los republicanos son los únicos que pueden remediar todo el daño hecho por los mismos republicanos durante los últimos 8 años. Difícil tarea. La estrategia fue, en contra de la realidad misma, presentar a McCain como candidato de un partido que no se encuentra en el poder y que por consiguiente está autorizado también para hablar de ‘cambio’ —como lo vienen haciendo los demócratas desde el inicio de la competencia—.
Se trata, sin embargo, de un cambio distinto. Porque según los republicanos, el culpable del desastre económico, del empeoramiento de las condiciones de vida y del aislamiento internacional de Estados Unidos no es George Bush —actual presidente republicano—. La responsabilidad, de acuerdo con el partido, es de la prensa liberal, de las élites urbanas costeras que están totalmente desconectadas del país “de verdad” y de un Congreso mayoritariamente demócrata que todo lo que ha hecho es obstaculizar. Es el momento, como lo sugirió el ex candidato Mitt Romney, de ‘conservatizar’ en su totalidad el establecimiento de gobierno en Washington.
Hubo un detalle, en materia de lo que será la política exterior de una eventual administración republicana que no pasó desapercibido. En su discurso durante la Convención, el ex alcalde de Nueva York durante los ataques del 11 de septiembre, Rudolph Giuliani, se refirió al tema de la confrontación entre Georgia y Rusia. En tono de burla, afirmó que a Obama le parecía que la mejor salida era convocar al Consejo de Seguridad de Naciones Unidas para resolver el problema. La risa que le produce a Giulani esta propuesta seguramente es un síntoma de lo que, en caso de que gane McCain, será el relanzamiento y, por qué no, intensificación de una política exterior unilateralista e irrespetuosa de las instituciones internacionales, como la que hemos observado durante los últimos ocho años.