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Ecopetrol y la Refinería de Cartagena

EL SUEÑO DE LA SOCIEDAD INDUStrial cartagenera, el mayor proyecto empresarial del país, ha quedado en entredicho desde que una de las partes involucradas en la ampliación de la Refinería de Cartagena (Reficar) expresó su deseo de posponer el inicio de las obras.

18 de febrero de 2009 – 06:00 p. m.

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A finales de 2005, la empresa suiza Glencore Internacional AG ganó la subasta en la que se definió el socio mayoritario del proyecto que le permitiría, junto a Ecopetrol, convertir la antigua procesadora de crudos de Mamonal en una de las más modernas de América Latina. Su ofrecimiento de 630 millones de dólares fue superior en casi 40 millones a lo propuesto por Petrobras, el segundo contendor.

El proyecto inicial contemplaba la producción de 70 mil barriles diarios de combustible diesel y de gasolina a partir de 2011. Con el tiempo, fue redefinido y la capacidad se duplicó. En su primera etapa, la construcción de la refinería debía generar cerca de 5 mil empleos en la deprimida zona aledaña a la bahía de Cartagena. La refinería de Cartagena, un proyecto que lleva décadas en discusión y que ha sido pospuesto innumerables veces, es crucial no sólo para el desarrollo industrial de la región Caribe, sino también para la mejoría de la calidad de los combustibles líquidos.

Los costos estimados de la obra ascendieron inicialmente a 2 mil 700 millones de dólares. En noviembre de 2008, el costo final se estimó nuevamente en 4 mil millones de dólares. Pero debido a la crisis financiera internacional y en particular a las mayores dificultades de financiamiento y a las menores perspectivas de rentabilidad, las directivas de Glencore decidieron que era preciso revisar el cronograma de la obra, cuyo inicio estaba estipulado para enero de este año.

La reacción del Gobierno no se hizo esperar. El presidente Álvaro Uribe, en tono enérgico, manifestó que “si nos queda mal, corre el riesgo de que le cancelemos todos los contratos que tiene en Colombia”. Glencore, por su parte, sostuvo que a la fecha no había incumplido en nada. En los últimos días, los ánimos se han calmado y parece haberse llegado a una salida amigable. Ecopetrol adquiriría (el precio no se ha definido) la participación de Glencor en el proyecto. Todavía no está claro si Ecopetrol buscará un nuevo socio o emprenderá el proyecto por sí solo.

El incidente deja una enseñanza. La confianza inversionista, percibida por el Gobierno como una situación permanente, como un logro irreversible, parece haberse esfumado con la crisis. Ni las mejores condiciones de seguridad, ni las facilidades tributarias, son suficientes para atraer inversionistas en un mundo dominado por la incertidumbre y la escasez generalizada de financiamiento. La “bonanza de confianza” (para usar la metáfora gubernamental) resultó tan efímera como las bonanzas pasadas de recursos naturales.

Al mismo tiempo, surgen dudas sobre la capacidad de Ecopetrol para hacer muchas cosas a la vez. Las grandes utilidades no deben llevar a la petrolera colombiana a confundir la capacidad adquisitiva con la capacidad administrativa. La compra de Propilco dejó algunas dudas, fue interpretada por muchos analistas de la industria, nacionales e internacionales, como un movimiento apresurado que desvía la atención de la empresa de las actividades fundamentales de exploración y producción de petróleo. Lo mismo podría decirse de la refinería. Ecopetrol no necesita recursos para hacer el proyecto. Pero sí necesita un socio que le aporte un conocimiento y una experiencia que no tiene.

Con todo, la buena voluntad del Gobierno para sacar adelante la expansión y modernización de la refinería es encomiable. Pero las decisiones que se tomen deben tener en cuenta los límites gerenciales y operativos de Ecopetrol. Lo que está en juego en este caso no es sólo un proyecto empresarial, sino también el futuro de la compañía más importante del país.

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