
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
En algo suelen parecerse los actores de los conflictos armados: rara vez reconocen la vergonzosa abundancia de casos de violencia sexual cometidos por personas que hacen parte de sus filas. Lo vimos en su momento con los paramilitares. Lo estamos viendo ahora con los líderes de las Farc que buscan negar a como dé lugar su responsabilidad en la vulneración de los derechos de mujeres y niñas durante los años de la guerra. Internacionalmente, son varios los casos de utilización de la violencia sexual, en particular el cuerpo de las mujeres y los niños, como campo de batalla. Se trata, en últimas, de un ejercicio de poder tan común que por eso, incluso en medio de procesos de justicia transicional, los responsables se niegan a reconocerlo.
También hemos visto, lastimosamente, la instrumentalización política de las abundantes denuncias por violencia sexual. Los líderes políticos que ven con malos ojos el Acuerdo de Paz y, en particular, el trabajo de la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) argumentan que este tipo de delitos no van a recibir la justicia que merecen. El propio presidente, Iván Duque, utilizó una de sus objeciones para pedir que sea la justicia ordinaria la encargada de conocer estos casos. Esa posición es un error garrafal que puede, paradójicamente, condenar a las víctimas a nunca conocer la verdad sobre lo ocurrido.
El tema es complejo. El excomandante de las Farc Rodrigo Londoño dijo en Blu Radio que “sí, se dieron casos de violación y se trataron con el reglamento. De los que yo conocí, todos fueron condenados a fusilamiento, palabra que suena dura, pero así actuábamos”. Y agregó: “Siempre, cuando había una relación, era consentida”. Según Londoño, todo se trata de “calumnias” que buscan “explotar esa sensibilidad que generan unos hechos para tratar de poner a la gente contra nosotros y descalificar lo que hemos hecho”.
Los testimonios, sin embargo, lo contradicen. Lo que sabemos sobre cómo operan las organizaciones armadas en general, unido a la desigualdad que existe en nuestra sociedad y la manera como los hombres entienden los cuerpos de las mujeres, también. La reacción del excomandante de las Farc sigue el mismo guion de todos los grupos cuando hay denuncias de violencia sexual: minimizar el problema y negar su ocurrencia. Por eso es tan importante que haya una instancia judicial dedicada a esclarecer lo ocurrido.
Hablando con Colombia 2020 de El Espectador, Fluvia Chunganá, quien nació en La Romelia, corregimiento de El Tambo (Cauca), contó que fue víctima de violencia sexual por parte de un integrante de las Farc y tuvo que guardar silencio por 23 años. Yolanda Perea, representante de la Mesa Nacional de Víctimas, dijo que cuando tenía 11 años fue víctima de violación por un guerrillero del frente 57 de las Farc y que asesinaron a su mamá cuando fue a reclamar por lo ocurrido. Es claro que los exguerrilleros deben responder por estos y tantos hechos más.
Es preocupante, entonces, que el debate se centre ahora en si permitir que sea la justicia ordinaria la que estudie estos casos. Aunque el Centro Democrático y algunas organizaciones de víctimas dicen que esta es la mejor manera de obtener justicia, la realidad los contradice. La impunidad abunda en un sistema colapsado y saturado. Si dejaran por un momento a un lado la desconfianza que les produce la JEP, verían que en este tribunal está una oportunidad histórica para estudiar estos casos y construir un relato sobre lo ocurrido.
Hace poco, el tribunal de paz inició el caso 007 que busca estudiar la violencia y la esclavitud sexual, la planificación y los abortos forzados, la imposición de trabajos a los niños, la limitación a su libertad para abandonar las filas, así como la imposición de castigos o penas crueles, inhumanas o degradantes. Las víctimas, por primera vez en muchos años, tienen un juez que no solo les da la cara, sino que está en constante comunicación con ellos. Los incentivos de verdad que tiene la JEP, además, permiten creer que vamos a poder entender lo que pasó. ¿De verdad queremos echar para atrás lo avanzado?
¿Está en desacuerdo con este editorial? Envíe su antieditorial de 500 palabras a yosoyespectador@gmail.com.