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Para el día de hoy está convocada, por el mismo Antanas Mockus, una marcha multitudinaria que ojalá ocupe las calles de todas las ciudades de Colombia: la manifestación en favor de la vida. Bien sencilla (pero no por eso menos importante) la causa. Las voces ciudadanas deberían unirse para abogar por una convivencia mejor, por una conciencia colectiva que sepa de los límites que tiene la intolerancia. El día de hoy tiene que reafirmarse, además, un imperativo moral bastante elemental: el respeto obligado por la existencia del otro. Estamos seguros de que la mayoría de los colombianos piensan de esta manera: pues bien, es hora de demostrarlo.
Las críticas a esta marcha no se han hecho esperar. Es algo muy corriente aquí en Colombia. Dicen los opositores, de una forma muy ligera, que la manifestación es un acto político pagado por la chequera del Gobierno de Juan Manuel Santos. La realidad que inspira esta queja es bien distinta y hay que remitirse a ella cada vez que las suspicacias emergen: el Fondo de Programas Especiales para la Paz, oficina adscrita a la Presidencia de la República, contrató a Corpovisionarios (una organización liderada por el exalcalde), por la suma de $480 millones, para que realizara una asesoría sobre cómo hacerle pedagogía al proceso de paz. El contrato, de acuerdo con Yamid Saldaña, asesor de comunicaciones de Corpovisionarios, ya fue ejecutado.
Mucho mejor para la marcha de hoy hubiera sido, como lo dijimos en su momento, que este contrato hubiera sido puesto sobre la mesa de la opinión pública sin ningún temor y desde el comienzo: eso la hubiera blindado de entrada de esas suspicacias que hoy se levantan. Y si bien es cierto que, como también lo expresamos en estas líneas hace un mes, la marcha se acerca al objeto del contrato, también lo es (y es un hecho notorio para todos) que Mockus ha dado suficientes muestras en su vida de que no necesita un pago de dinero para liderar una causa como esta. Lo ha venido haciendo desde que salió a la vida pública. Ha sido reiterativo, repetitivo, insistente.
Se puede haber tenido (y de seguro se tendrán en el futuro) diferencias con el modo de pensar del exalcalde, pero esta defensa aguerrida que ha hecho de la vida, ese permanente trabajo por la disminución de los niveles de violencia, por la convivencia, por la cultura ciudadana y los espacios de cohesión social, insistimos, es algo que despeja cualquier sospecha maliciosa que pueda surgir en torno a esta marcha. Esto parece más una cosa de Antanas Mockus como ciudadano que como colaborador del Gobierno.
Es por esa serie de razones que nos sumamos a aquellos que quieren marchar a favor de la vida: hay que ir eliminando los odios entre unos y otros. Actos como estos, donde nos juntamos para manifestarnos a favor de algo tan elemental como la vida, es lo que necesitamos para, como escribió Guillermo Cano hace tantos años ya, “dejar de morir a destiempo y como salvajes”. A las calles, entonces.
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