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El contundente triunfo del liberal Justin Trudeau en Canadá es una noticia positiva que abre un nuevo capítulo para el importante país del norte, no sólo en lo interno sino en sus relaciones externas. La propuesta política de centro-izquierda que prometió en campaña puede generar un mayor acercamiento con los países de la región. Es, además, el regreso al poder político de un apellido de gran significación para el país.
La imagen de hombre joven, informal, conciliador, que no se dejó provocar por el discurso pendenciero y confrontacional de su oponente, el saliente primer ministro conservador, Stephen Harper, le permitió lograr la mayoría absoluta en el Parlamento. Desplazó así no sólo a su rival de la derecha, sino que el varapalo se lo llevaron los socialdemócratas del NDP, que quedaron relegados al tercer lugar. La exitosa estrategia utilizada tenía un fundamento significativo. Harper, con las críticas que mereciera, había logrado ciertos éxitos en materia económica que no podían ser desconocidos. Sin embargo, era importante hacer llegar el mensaje optimista de darle un buen empujón a la economía, pero al mismo tiempo capotear los mensajes descalificadores de la derecha. El argumento oficialista de meter miedo a los electores, con frases como la necesidad de “proteger la economía”, el peligro de cambiar lo alcanzado por el Gobierno o insistir en la incapacidad personal de Trudeau resultaron ineficientes. El país quería un cambio de rumbo y así se dio.
Lo cierto es que un apellido conocido cuenta en política de manera importante y un buen número de los votantes aún tiene fresco el mítico recuerdo del padre, Pierre Trudeau, quien manejó el país entre 1968 y 1984, con un intervalo. De ahí que el discurso del candidato liberal, de búsqueda de acuerdos amplios que logren superar la polarización de los casi diez años de gobierno de los conservadores, así como abrir el país a una opción multilateral en el frente externo —a diferencia de Harper, que se casó por completo con los países del Pacífico—, logró calar hondo. También la defensa de la multiculturalidad en un país donde los migrantes juegan un papel significativo en la sociedad.
Una vez asuma vendrá lo más complejo para Justin Trudeau: gobernar. De inmediato se prevé una muy cercana relación con su principal vecino en el hemisferio, Estados Unidos. Comparte con Barack Obama la preocupación por el cambio climático, la mirada hacia las minorías, el compromiso con las mejoras sociales, el aumento de los impuestos a los ricos, el no aplicar el costo de los ajustes a las clases menos pudientes y la cercanía comercial con el Pacífico, aunque no como eje central de su política exterior. Hasta ahí, todo bien.
Sin embargo, en una conversación con Obama luego de su triunfo, le anunció que llevará a cabo su promesa de campaña de retirar su apoyo aéreo a las operaciones militares en Irak y Siria en contra del Estado Islámico. A pesar de que tan sólo se trataba de seis aviones, el mensaje político es significativo en un momento en que Estados Unidos trata de ganar mayores aliados para actuar en la zona. Aunque el recién electo mandatario ha matizado un poco el alcance de la medida, primero al no informar una fecha precisa para llevarlo a cabo y, de otro lado, diciendo que su país continuará la lucha contra los yihadistas “de manera responsable”. Por último, y como un gesto humanitario, anunció que recibirá en suelo canadiense a 25.000 refugiados sirios, a diferencia de Harper, quien se había negado reiteradamente a hacerlo.
Sus críticos consideran que los liberales se han caracterizado en Canadá por bailar al son que más les conviene, es decir, que su consistencia real se basa más en las conveniencias políticas que realmente en una postura definida en el campo ideológico. De otro lado, recuerdan que fue precisamente el padre, Pierre, quien se movió del centro a la derecha o a la izquierda con excesiva facilidad y se distinguió por la polarización interna que le permitió mantenerse durante tantos años en Ottawa como primer ministro. Sin embargo, los conocedores creen que padre e hijo se parecen muy poco y que hay que darle el espacio propio para que demuestre cuál va a ser su real talante político. En el ejercicio del poder es donde se desvelan los líderes. Ya lo veremos.
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