
Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
No son fáciles las decisiones que se toman con la prudencia y la prevención como principio orientador, pero son las que han logrado dar buenos resultados hasta el momento para Colombia. Hizo muy bien el presidente Iván Duque en alargar la cuarentena hasta el 11 de mayo y, en el proceso, ir permitiendo que ciertos sectores vuelvan a sus puestos de trabajo y a las calles para evaluar cómo les va. Aunque las protestas de empresarios y ciudadanos son entendibles, pues la frustración crece y la crisis económica empeora, lo que no podemos olvidar es que el COVID-19 es una amenaza latente que puede salirse de todas proporciones si nos descuidamos.
Es útil el contraste entre Colombia y Estados Unidos. Mientras el liderazgo nacional en ese país sigue viendo impávido cómo el número de muertos aumenta, la administración de Iván Duque ha dado señas de que está escuchando a los expertos y priorizando la vida. Aquí, por fortuna, no se escuchan voces como la de varios líderes políticos estadounidenses, empezando por Donald Trump, que hablan de “reabrir la economía” y que hay que sacrificar a ciertas personas a cambio de que el país funcione como venía. Más allá de la evidente deshumanización que implica esa posición, se esconde el hecho de que no es viable. Hay que decirlo una y mil veces: no hay economía que sobreviva a una sociedad paralizada por la enfermedad, con sus centros de atención colapsados, con el trauma de muertos y muertos sin control. Ese es el nivel del reto al que nos enfrentamos.
Es de celebrar, entonces, que el presidente Duque aproveche su repunte en popularidad para tomar decisiones difíciles. El Gobierno ha ido mejorando en el manejo de la crisis de manera notable en estos meses, siendo cada vez más claro sobre los motivos de su actuar, evitando los escándalos y tomando decisiones ambiciosas. Aunque todavía se esperan planes económicos más vehementes, el liderazgo se agradece. Lo propio puede decirse de las alcaldías y gobernaciones, que han marcado la pauta sobre cómo comunicar y qué decisiones tomar. El Estado completo se ha mostrado unido en un mensaje unívoco: la salud primero y los expertos a la cabeza de las decisiones. Así debe ser.
La ansiedad económica no nos puede jugar una mala pasada. Hay que rescatar a los colombianos, pero la apertura indiscriminada sería crear un riesgo innecesario. Ya, con la renuncia del personal de salud en el hospital de Leticia, hemos visto la peor cara de un sistema de salud quebrado y colapsado. Una situación como la de España o Italia, que fue gravísima en esos países, sería catastrófica en un país como Colombia.
Nos parece razonable que el sector de la construcción y la manufactura empiecen a regresar a sus lugares de trabajo. Que sea de manera controlada permitirá ir monitoreando el aumento en los contagios y la ocupación de las unidades de cuidados intensivos (UCI). Tan pronto haya señales negativas, el Gobierno tendrá así cómo regresarnos a cuarentena sin causar tantos traumatismos. Es momento de los experimentos cuidadosos y altamente controlados. Caminamos sobre la cuerda floja.
Lo que queda de año estará lejos de la “normalidad”. Esa realidad ya no existe y tenemos que entenderlo. Ahora, en medio de la incertidumbre, empieza la construcción de un nuevo país, con rutinas más cuidadosas, con más solidaridad y con unos retos gigantes. No perdamos la concentración.
¿Está en desacuerdo con este editorial? Envíe su antieditorial de 500 palabras a elespectadoropinion@gmail.com.
Nota del director. Necesitamos de lectores como usted para seguir haciendo un periodismo independiente y de calidad. Por favor, considere adquirir una suscripción digital y apostémosle al poder de la palabra.