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La ciencia, gran olvidada

La comunidad científica se siente impotente, olvidada, sin un padrino que la ayude. No encuentra el camino para lograr un país que desarrolle seriamente avances en contenidos de ciencia, tecnología e innovación (CTI).

17 de septiembre de 2012 – 07:02 p. m.

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Esto se debe a varios factores, pero en esencia todo se reduce a dos: la poca atención que el Gobierno Nacional le da a estos temas, subordinándolos a lo que el actual cree que es lo prioritario en la agenda, y el desorden que hay en Colciencias desde hace muchos años.

Por un lado, la comunidad se siente desprotegida. Esto se prueba a través de las varias cartas con miles de firmas que los investigadores han dirigido directamente al presidente Santos. Su respuesta se ha limitado a decir cuál ha sido la política de Colciencias. Lo cual no convence a los investigadores, ya que las peticiones son amplias: el tema de las regalías —10% destinado a CIT—, cuestionamientos acerca de la locomotora de la innovación, que deja de lado la investigación científica, y la solicitud, siempre coherente, de hablar con el presidente en persona.

Es entendible la actitud de los científicos, quienes han decidido emprender una cruzada por todo el país para fomentar un diálogo constructivo en pro de la ciencia. La iniciativa, lanzada en Medellín, luce como una buena noticia: quieren concretar una agenda común entre investigadores, empresariado y Gobierno.

Para poner a rodar la tan mentada locomotora de la innovación se necesita investigación profunda. No se trata de soplar y hacer botellas. La innovación en el mundo, se sabe, es el resultado de un esfuerzo precedente de largo aliento. La medicina no es nada, por ejemplo, sin los descubrimientos en biología molecular. Y así. No es posible dejar a un lado a las ciencias, sociales y duras, para construir un país más avanzado.

Por otro lado, Colciencias sigue siendo una entidad laberíntica que aún no encuentra el norte. Los niveles de burocracia, así como los problemas específicos de las convocatorias y la página de internet, siguen siendo grandes. Y su director renunció hace unos meses.

Ya fue nombrado en reemplazo el ingeniero Carlos Fonseca, exviceministro de Ambiente, quien a primera vista luciría como alguien de perfil técnico, pero ha tenido a bien considerarse a sí mismo como una “cuota política”. Eso se revela en las declaraciones que dio a este diario hace una semana, afirmando categóricamente, y sin ningún tapujo, que para enderezar a Colciencias se necesita otro período de Santos. ¿El hombre destinado a poner norte en el centro de la comunidad científica en plan de propagandista político?

Hay un sector de la comunidad que ve con malos ojos el nombramiento y que quisieran que éste se echara para atrás. Otro que, a pesar de él, quiere unírsele a ver si de una vez por todas se pone a andar el engranaje oxidado de la CTI.

La segunda opción suena más razonable, ya que el director, pese a ser un hombre político, tiene ciertas ideas claras: como trabajar de la mano con los ministerios para obtener una parte del presupuesto, fijar metas para ejecutar un “tren bala” transversal que abrace tanto la ciencia como la innovación, o la agenda de priorización para que los consejos departamentales (ya que la inversión en CTI está atada ahora a las necesidades básicas insatisfechas) para que la investigación en lugares apartados sean más provechosas.

El Gobierno es mucho lo que puede hacer. Si bien está enfocado en lograr la paz, hay agendas que deben trabajarse de forma paralela. Frente a la comunidad científica, acompañar estos primeros procesos —la refundación de Colciencias y el foro permanente por el territorio nacional— sería conveniente.

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