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Las autoridades respondieron de inmediato al derrumbe. El presidente de la República, Iván Duque, dijo que “nuestra solidaridad (está) con los familiares de víctimas por derrumbe ocurrido esta madrugada en Rosas, Cauca, debido a fuertes lluvias. Desde temprano atendemos emergencia con Ungrd (la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres) articulados con autoridades locales, departamentales y organismos de socorro al frente de esta situación”.
Por su parte, la Ungrd explicó en un comunicado que “se tiene instalado el Puesto de Mando Unificado en la zona liderado por el Consejo Municipal de Gestión del Riesgo, quienes han confirmado que la situación deja hasta el momento 14 personas fallecidas y se trabaja con las autoridades en las labores de búsqueda y rescate. Dos personas fueron trasladadas al hospital del municipio de Rosas, en donde son atendidos por estrés agudo luego del evento y tres más heridas que son atendidas en el hospital de Bordo”.
Celebramos que, como suele ocurrir ante este tipo de situaciones, abunden los voluntarios junto con la presencia de las autoridades. Su labor de buscar víctimas entre los escombros, atender a los heridos e incluso despejar las vías es esencial y habla de las mejores características de los colombianos.
Dicho eso, hay una voz en toda esta situación que no puede ignorarse. Jesús Eduardo Díaz, alcalde de Rosas, dijo que “desde hace un año se encendieron las alertas sobre esta zona de la tragedia”.
No es la primera vez que escuchamos una queja similar. Allí donde el clima y la geografía crean zonas vulnerables a derrumbes y tragedias, suelen unirse características que empeoran el riesgo: construcciones realizadas sin planeación, sin cumplir los requisitos de seguridad y que albergan a un número considerable de colombianos.
Cuando ocurrió el derrumbe en Mocoa se dijo lo mismo: era una tragedia anunciada. Si sabemos esta realidad, ¿por qué es tan difícil evitar que sigan presentándose estas tragedias?
No hay soluciones sencillas. Es necesario, por ejemplo, hacer una evaluación de cuáles son todas las zonas de riesgo en el país y qué población vive ahí. Los procesos de reubicación son costosos e implican recursos. Sin embargo, las condiciones climáticas del país y el mundo solo indican que las lluvias empeorarán con el paso del tiempo, lo que aumenta el riesgo de que ocurran otras tragedias. El precio de no hacer nada nos parece mucho mayor.
Expresamos nuestras condolencias a las víctimas y los acompañamos en el sentimiento. Por ellas, es momento de que los gobiernos locales y el nacional se pregunten cómo enfrentamos el reto de evitar estas tragedias.
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