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El Twitter del presidente Gustavo Petro se ha convertido en uno de los principales obstáculos para su ambiciosa reforma a la salud y para su promesa de construir consensos. El fin de semana pasado, en una actitud irresponsable y peligrosa, el presidente compartió fotografías de hospitales en mal estado que dijo que eran de Colombia, pero resultaron siendo de otros países. En su afán por marcar puntos con la audiencia tuitera y aplastar a quienes lo critican, el mandatario también mostró viejas fotografías de hospitales colombianos que fueron reparados en años recientes. No se trata de negar la necesidad de la reforma, pero la desinformación y las noticias falsas creadas desde la misma Casa de Nariño muestran a un presidente cayendo en el desespero ante su falta de capacidad de convencimiento en un tema tan delicado.
Si el presidente y sus aliados —que repiten hasta el cansancio que sacaron más de 11 millones de votos y eso les da un mandato inequívoco para aprobar sus reformas— gastaran menos tiempo buscando el aplauso fácil en Twitter, descubrirían que con sus interlocutores, a los cuales han graduado de enemigos, hay posibilidad de diálogos productivos para el país. Por ejemplo, y esto ha pasado de agache por la retórica del presidente y de su ministra de Salud, Carolina Corcho, parece haber un consenso en todas las fuerzas políticas sobre la necesidad de mejorar el sistema que atiende la salud de los colombianos. Qué gran punto de partida para negociar y encontrarse en las diferencias, pero la Casa de Nariño solo muestra estar cómoda con la confrontación agresiva. A riesgo de repetirnos, así no se puede dirigir un país tan diverso como Colombia.
Necesitamos una reforma a la salud: no podemos permitir que se quiebren los hospitales, que en las áreas rurales el acceso a la salud no sea un derecho, que las EPS sumen grandes deudas y las que sí han funcionado no aguanten más afiliados, que el personal de salud carezca de dignidad en sus contratos. Por eso mismo, la responsabilidad histórica del presidente no es “vencer” ni desinformar, sino construir consensos para obtener una reforma que transforme sin destruir. El proyecto presentado por la ministra Corcho toca temas esenciales que necesitan atención, como la desigualdad en el tratamiento de las zonas rurales, la ausencia de prevención oportuna de enfermedades y muchas otras discusiones que deberíamos estar dando. Ayer el presidente empezó a reunirse con varias bancadas políticas, un paso en la dirección correcta, pero su Twitter y el de sus senadores aliados parecen mientras tanto estar en pie de guerra retórico. Eso sirve en elecciones, pero no para gobernar.
Lo que hizo el presidente es gravísimo. El fin no justifica los medios. Publicar fotografías falsas o hablar de hospitales sin mostrar cómo están en la actualidad demuestra falta de rigurosidad y de interés por la verdad. Peor aún, deja en los millones de seguidores que tiene el presidente ideas falsas sobre el sistema de salud de Colombia. La responsabilidad de un mandatario es unir, no atrincherarse en su mandato y ver en cualquier crítica a un enemigo. Si no hay cambio de rumbo, no solo hay pronóstico reservado para la reforma a la salud, sino que se anuncian tres años de gobierno bastante complicados.
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