Cuando una mentira no es una mentira

Durante la audiencia de confirmación para su cargo, el ahora fiscal general de Estados Unidos, Jeff Sessions, recibió una pregunta directa por parte del senador demócrata Al Franken: si se prueban lazos entre miembros de la campaña de Donald Trump y Rusia, ¿qué haría el departamento de Estado? La respuesta de Sessions fue contundente: “No tuve comunicaciones con los rusos”.

03 de marzo de 2017 – 09:00 p. m.

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Esta semana, sin embargo, el Washington Post publicó información probando que en los últimos meses de la campaña por la Presidencia de Estados Unidos, cuando ya rondaban denuncias sobre el interés de Rusia de influir en el resultado final, Sessions recibió en su oficina del Congreso a Sergey I. Kislyak, embajador ruso. ¿Cómo entra eso en la definición de “no tener comunicaciones”?

Mentirle al Congreso dentro del proceso de confirmación para un puesto público en Estados Unidos es un delito. Sin embargo, lo más preocupante de toda esta situación es la facilidad con que la administración de Donald Trump se defiende contra los hechos objetivos.

Sobre la declaración de Sessions en el parlamento, Trump dijo que “tal vez (el fiscal) pudo haber respondido de manera más precisa”. El mismo Sessions dijo que “en retrospectiva, debí haber contestado que ‘sí me reuní con un funcionario ruso un par de veces, el embajador’”.

La defensa, entonces, es que las reuniones no fueron gran cosa y que es ilusorio creer que tuvieron algo que ver con la campaña de Trump. Es decir, las mentiras no son mentiras sino imprecisiones. No sobra agregar que el fiscal fue el principal consejero en temas de seguridad nacional para el hoy presidente de Estados Unidos.

El 20 de febrero, Donald Trump afirmó en una conferencia de prensa: “Yo no tengo nada que ver con Rusia y, hasta donde yo sé, ninguna persona con la que tengo relación tiene alguna relación con Rusia”.

Eso tampoco es cierto. Además de las reuniones de Sessions con el embajador ruso, también está documentada una charla de varios consejeros del presidente en diciembre, cuando todavía no se había posesionado, con representantes de Vladimir Putin, algo que causó escándalo porque el presidente electo parecía estar desautorizando las sanciones que acababa de imponer Barack Obama. Y hace apenas dos semanas renunció el consejero en seguridad nacional de Trump, Michael Flynn, por haber mentido, también, sobre contactos con Rusia. Así está la situación.

Hasta el momento, Sessions se apartó de la investigación que su departamento adelanta sobre los posibles contactos entre Rusia y la campaña de Donald Trump. Sin embargo, hay voces demócratas que piden su renuncia por haber mentido en el Congreso. Los republicanos, sin embargo, permanecen en silencio. Triunfa la política partidista, pero pierde el mundo entero.

El punto no es que no pueda haber contactos con Rusia, sino que tantos funcionarios del Gobierno estén tan dispuestos a mentir al respecto y que Donald Trump utilice esa oportunidad para estigmatizar a los medios y atacar a quien haga las preguntas necesarias. Esto, sin duda, no será lo último que sepamos sobre este escándalo.

¿Está en desacuerdo con este editorial? Envíe su antieditorial de 500 palabras a yosoyespectador@gmail.com.

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