Las deudas de la movilidad y un buen ideal

El Día sin Carro no está cumpliendo su propósito si las personas que deciden darles un chance a los sistemas alternativos de transporte se encuentran con buses a reventar, rutas intermitentes y ciclovías ajustadas y pegadas a la contaminación de los buses provisionales del SITP.

04 de febrero de 2017 – 08:30 p. m.
El atraso de la ciudad responde a muchos factores, decisiones contradictorias y falta de compromiso político.  / Foto: El Espectador - Cristian Garavito
El atraso de la ciudad responde a muchos factores, decisiones contradictorias y falta de compromiso político. / Foto: El Espectador – Cristian Garavito

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Es interesante y deseable la propuesta —que por lo pronto es más un sueño— del alcalde de Bogotá, Enrique Peñalosa, de instaurar en el futuro tres horas diarias sin vehículos particulares en la capital. Aunque, como el Distrito lo admite, falta trecho para poder implementarla, el Día sin Carro del jueves pasado es útil para evaluar qué debe cambiar en Bogotá —y en general en todas nuestras grandes ciudades— para hacer viable una idea de ese estilo.

El alcalde Peñalosa dijo que para aliviar la movilidad de la ciudad, darle prioridad al servicio público, mejorar la calidad del aire y reducir los tiempos de desplazamiento, podría decretarse “hora y media en la mañana y hora y media en la tarde sin carro. Durante ese tiempo, los ciudadanos pueden utilizar el transporte público o se podrían movilizar en bicicleta”. Con justa razón el secretario de Movilidad, Juan Pablo Bocarejo, dijo en entrevista con Blu Radio que la propuesta es deseable, pero que la ciudad todavía no está preparada para implantarla. “Nos parece justo que un vehículo que tiene 50 o 100 pasajeros tenga 100 veces más espacio que un vehículo que moviliza a una sola persona”, agregó. De acuerdo.

No obstante, la reacción negativa de muchos ciudadanos a la propuesta, y las quejas que se presentaron en el Día sin Carro, dan pistas de lo que se debe hacer. Para empezar, ese día no está cumpliendo su propósito si las personas que deciden darles un chance a los sistemas alternativos de transporte se encuentran con buses a reventar, rutas intermitentes y ciclovías ajustadas y pegadas a la contaminación de los buses provisionales del SITP.

Según la Secretaría de Movilidad, los viajes en bicicleta se triplicaron con respecto a un día normal. 1’796.251 personas eligieron la bici para movilizarse. Es fundamental saber, entonces, cómo fue esa experiencia y si la ciudad está en capacidad de garantizar que la bicicleta es una alternativa genuina. En el Día sin Carro, el Distrito habilitó 540 kilómetros de ciclorrutas, pero las que se dispusieron sobre las vías principales, como la carrera Séptima por citar un ejemplo, tuvieron que compartir el poco espacio con los buses provisionales del SITP, que emitían su humo contaminante directamente sobre los ciclistas, y además con una exagerada presencia de carros blindados y otras múltiples excepciones a la prohibición de tránsito.

La ciudad necesita, entonces, terminar la modernización de la flota del SITP, continuar la construcción de ciclorrutas y seguir impulsando el cumplimiento de normas como la reciente prohibición de que las bicicletas eléctricas utilicen las vías exclusivas para los ciclistas, antes de pensar en la promoción masiva de alternativas de transporte.

En cuanto al SITP y Transmilenio, los números indican que el primero tuvo un incremento del 22 % en sus pasajeros habituales, y el segundo subió 9,2 %. Pero, de nuevo, la afluencia de personas sólo sirvió para acentuar las falencias de ambos sistemas. Poco consuelan los trayectos más rápidos si los buses siguen pasando muy llenos, los tiempos de espera entre ellos son extensos y sobre todo inciertos, se mantienen buses antiguos y las rutas no son del todo convenientes.

Como todo lo anterior se sigue presentando, el Día sin Carro pierde su objetivo de ser una propuesta seductora para que el 20 % de los bogotanos que se mueven en dos millones de automóviles y cerca de 500.000 motos prefieran la bicicleta y el sistema de transporte público. Antes bien, se generan incentivos negativos.

Por supuesto, esto no es culpa de la administración actual. El atraso de la ciudad responde a muchos factores, decisiones contradictorias y falta de compromiso político. En ese sentido, es de celebrar que la Alcaldía reconozca estas dificultades y ha priorizado la movilidad en su plan de inversiones. Como todo: falta ver si se logra ejecutar, por el bien de la ciudad.

Si se logran consolidar los avances prometidos y se fortalece el sistema de ciclorrutas y el transporte público, no sería descabellado hacerles caso a propuestas atrevidas como esa de tres horas sin vehículos particulares al día.

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