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El amedrentamiento

El jueves pasado se cumplieron seis años de un fallo que consideramos histórico por los derechos que defiende.

11 de mayo de 2012 – 06:00 p. m.

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La despenalización del aborto en tres situaciones particulares, a saber: que el embarazo sea producto de una violación, que pueda haber un riesgo para la vida de la madre o que el feto sufra de ciertas enfermedades graves que no le dejen tener una vida digna.

Es un fallo que apoyamos y defendemos, ya que es una muestra más de las libertades ciudadanas y del derecho que tiene la mujer a decidir sobre su propio cuerpo. Tarde se dio, claro, sobre todo porque, como lo dice Florence Thomas, Colombia antes de este fallo estaba en la “cola del mundo” en cuanto a proteger a las mujeres con este tipo de medidas.

Las cifras de abortos clandestinos, lo que esto significa a nivel psicológico y el riesgo que representa para la salud eran (siguen siendo, pero en menor medida) algo desalentador. El fallo estuvo precedido por una creativa demanda que presentó la ONG internacional Women’s Link Worldwide, con sede en Colombia. Ésta es liderada de una forma tenaz y valiente por Mónica Roa, una abogada reconocida en el país y por fuera de él. Fue la primera estrategia de litigio de alto impacto que logró convencer a los magistrados de la Corte Constitucional. Un esfuerzo inteligente y bien dirigido.

Pese a que esto es positivo, desde entonces a Mónica Roa y a su ONG les han llegado presiones de todo tipo. La intolerancia que les pisa los talones a estos derechos reconocidos de las mujeres es muy alta. Y poderosa. Las personas más retrógradas atacan no sólo con razones moralistas injustificadas, sino también por medio de demandas, como la de la procuradora delegada para los Derechos de la Infancia, la Adolescencia y la Familia, Ilva Myriam Hoyos, por las afirmaciones de Roa a favor del aborto.

Hasta ahí, aunque no estemos de acuerdo y muchas veces se pase la raya de lo que es la función pública, entendemos que todo se mantiene dentro de la legalidad, dentro de la libertad de pensar distinto. Sin embargo, la presión no se ha quedado ahí. “Te vamos a llevar al cielo”, dicen las llamadas, los mensajes por fax, los correos electrónicos que le llegan a Roa de manera recurrente. La última manifestación, muy preocupante, llegó el lunes de esta semana, cuando se fue la luz en la oficina de Women’s Link Worldwide y luego sonaron unos golpes en la ventana. A Mónica Roa le cayeron vidrios en la cabeza y logró ver que en su ventana (con vidrios de seguridad) había un pequeño agujero. Como de una bala. Bajó a donde sus escoltas (asignados hace ya bastante por el Ministerio del Interior), quienes le dijeron que habían sonado más impactos. Mónica revisó y se dio cuenta de que la casa donde queda su oficina era la única sin luz en todo el barrio.

La Comisión Colombiana de Juristas afirmó hace un mes que en 2011 hubo una violencia aplastante contra los defensores de los derechos humanos en el país: 49 de ellos fueron asesinados. Colombia, de acuerdo con una serie de informes, no es un país apto para que una persona ejerza esa noble labor. De acuerdo con su versión, la bala que se disparó contra la ventana de Mónica Roa iba directo a su cabeza. Algunos policías que llegaron afirmaron que podría tratarse de un ataque efectuado con una pistola de balines, pero dejaron una duda: ¿no es muy grande el daño en un vidrio de seguridad como para que se trate de un simple balín? Al parecer sí.

Nos encontramos ante un claro amedrentamiento en contra de quien no ha hecho más que luchar por los derechos de las mujeres. Pero las autoridades no se pronuncian. Lo que quiere Roa es que este incidente quede aclarado hasta el detalle. Y es lo mínimo que se puede pedir. Estaremos alertas.

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