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El cargue directo

A partir de ayer las empresas de extracción de carbón en los puertos deberán cumplir la ley que les es exigible: que transporten el mineral a través del cargue directo.

01 de enero de 2014 – 05:00 p. m.

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Esto para no repetir el penoso incidente que sucedió hace un año con la empresa Drummond: al verse frente a una adversidad, empezaron a botar al mar, desde una barcaza, un carbón que, de manotada en manotada, llegó casi a las 2.000 toneladas.

Todo un atentado contra el especial cuidado ecológico que debería tenerse en un lugar como el mar Caribe de Santa Marta. Una acción que terminó costándole a la Drummond la bicoca de $7.000 millones. Poco, más bien, para una gigante como esta, que puede sacar la suma de su caja menor, donde tal vez tenga guardados los $60 mil millones que el Estado debió pagarle por un laudo arbitral que le ganó por un retraso que le ocasionó el mal estado de una vía férrea.

Este episodio abrió el debate del cargue directo de minerales en sitios de alto impacto ambiental: dicho en cristiano, que el carbón no sea transportado al aire libre, deteriorando el medio a su alrededor. Un debate más bien reabierto, por lo viejo: en 1997, cuando la empresa entendió que su futuro estaba en Colombia, las normas ambientales internacionales y locales ya aconsejaban que el cargue de carbón en los puertos se hiciera de manera directa y no a través de barcazas al aire libre. Ya los años han pasado lo suficiente, casi que al borde de la burla. ¿No es así?

De plazo pedido en prórroga concedida, y sin que nada muy diciente pasara hasta que vimos ese mar inundado de un negro profundo, nos preguntábamos desde este espacio lo que tenían por decir las autoridades directamente competentes en casos como estos.

Si bien la ministra del ramo pertinente en el tema, que es, por supuesto, la de Medio Ambiente, Luz Helena Sarmiento, fue criticada al inicio de su gestión, en diciembre del año pasado supo ponerse los pantalones frente al tema: desde ayer, empresa que no cumpla con el decreto 3038 de 2007 (¡una norma de hace siete años!), será sujeta de un proceso sancionatorio que se traduce en una multa diaria. Pues muy bien que se haga así.

Porque es que el problema mayor no sólo es un accidente, como el que vimos y registramos, que prendió las alarmas, sino también lo que sucede a diario: el polvillo del carbón, señalado en cientos de ocasiones de dañar mares y playas cercanas. Está bien que la ley se haga cumplir. Mucho más cuando de su llano acatamiento todo podría redundar en un mejor desempeño de las cosas. Algo a lo que las empresas le han hecho el quite por distintas razones. Unas entendibles, otras no tanto.

La empresa Drummond ha anunciado, sin embargo, que no cumplirá el decreto, ya que aún le falta tiempo y paciencia para terminar el puerto de Ciénaga, la operación que les permitirá hacer el cargue directo. Pues que, mientras tanto, le vayan cobrando la multa. Ya se les iba haciendo tarde para tomar una acción preventiva como ésta. Anuncia la empresa que debido a la huelga de 53 días que tuvo que afrontar el año pasado, la obra está retrasada unos meses.

Hasta marzo, entonces. El problema es que las multas no subsanan el medio ambiente. Es por eso que celebramos la decisión de que, en un acto mucho más comprensible, limpien las playas de la bahía de Santa Marta en el próximo año, así como una labor de educación con los pobladores y los empleados sobre el cuidado ecológico. Dicen unos que eso sí le costará. El punto, sin embargo, no es ese: el punto es la conservación del medio ambiente.

En la otra cara del debate, claro, está la posición de la Drummond. Su mayor carta es en términos de ganancias para Colombia: $11.471 millones diarios. Importante, sí. Necesario, puede ser. Pero, si tanto es lo positivo, pues pongámoslo sobre el camino correcto. Este es un buen primer paso, que se dio tarde, pero que es primero al fin y al cabo.

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