Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
Dado que aún los dos primeros casos son muy recientes, no es fácil conjeturar con exactitud qué va a pasar en cada uno de ellos. Lo cierto es que los refrescantes aires de libertad y desbordante juventud, sumados al uso efectivo de la internet y las redes sociales, son el punto de partida de una acelerada e impredecible ola de cambios en Oriente Medio.
Este “efecto contagio” debe ser observado en el contexto de las realidades internas de cada país para tratar de comprender mejor las circunstancias por las que están atravesando. De esto dependerá, en gran medida, si la salida de Ben Alí y Mubarak van a producir nuevos tsunamis o tan sólo marejadas que conlleven concesiones que no necesariamente conduzcan a un cambio de gobierno. De ahí que en este cambiante escenario hay dos países que merecen especial atención dada su gran importancia estratégica, Irán y Bahréin, así como un tercero que sigue al centímetro los acontecimientos, Estados Unidos.
Irán vivió desde 2009 un creciente descontento y protestas callejeras motivadas por las denuncias de fraude electoral. El gobierno fundamentalista de Ahmadineyad las ha reprimido de manera violenta, deslegitimándolas como fruto de una campaña desde el exterior para desestabilizar un régimen que cuenta con apoyo popular. Los opositores, aglutinados en el llamado Movimiento Verde, comparten posiciones que van desde quienes piden ciertos cambios dentro de la Constitución y los que desean acabar con el régimen teocrático. Así las cosas, las cabezas del movimiento, Mir Alí Hosein Musavi y Karrubí, convocaron por internet a una jornada de apoyo a Egipto y Túnez en días pasados, protesta que fue saldada con dos muertos, numerosos heridos y cientos de detenidos. La Guardia Revolucionaria, así como grupos paramilitares y civiles adeptos al régimen, seguirán reprimiendo sin miramientos cualquier intento de “subvertir” el orden, mientras el gobierno censura la internet y las redes sociales. Aquí es donde Estados Unidos aparece en escena, pues luego de “perder” a Mubarak, busca incentivar la desestabilización en el bando contrario. No en vano Barack Obama dijo que “lo que es verdad para Egipto tiene que serlo para Irán”; sin embargo le han aconsejado actuar con cautela, dado que el régimen utilizará sus palabras como prueba de la agresión externa.
Mientras tanto Washington tiene el reto de ser consecuente frente a los sangrientos acontecimientos en Bahréin, una pequeña isla ubicada estratégicamente en le Península Arábiga donde está fondeada su Quinta Flota, esencial para el control del suministro petrolero en esta volátil región. El rey Hamad Bin Isa al-Jalifa pertenece a la minoría suní, mientras que la gran mayoría de la población es chií. La oposición, que protestaba pacíficamente en la plaza de La Perla de Manama, la capital, fue desalojada violentamente, consecuencia de lo cual hubo tres muertos y cerca de 300 heridos. De pedir mejoras constitucionales los manifestantes, hombres y mujeres, pasaron a exigir el cambio de la monarquía. Ante la inestabilidad evidente y el temor al contagio, fuentes del gobierno de la vecina Arabia Saudita han mencionado que intervendrán directamente si la situación se sale de control. De hecho ya se han presentado pequeños brotes de protesta, en especial en Jedah, la segunda ciudad del país.
Por el momento, en el tablero de ajedrez de Oriente Medio hay más confusión que certidumbre sobre el devenir de la región. En Egipto, una multitudinaria manifestación ayer en la Plaza Tahrir les recordó a los militares que estarán atentos a que cumplan con los cambios exigidos. La comunidad internacional, mientras tanto, mira expectante, y en ciertos casos con aprehensión, cuál será el desenlace de este efecto dominó que agarró por sorpresa a todos.