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La intención de la Gobernación del Guaviare de pavimentar una carretera entre los municipios de Calamar y Miraflores, en el corazón de la reserva forestal de la Amazonia, no sólo amenaza el cumplimiento de las promesas ambientales que ha adquirido el Estado colombiano, sino que es síntoma de un país desconectado, con ideas contrarias entre sostenibilidad y desarrollo, y además víctima del conflicto armado que se resiste a terminar.
Debido al control de la zona ejercido por la guerrilla, las Farc construyeron desde hace 16 años la vía que ahora la Gobernación y las autoridades del municipio de Miraflores, con unos 5.000 habitantes, pretenden aplanar, ampliar y pavimentar. El problema, como lo han descubierto los interesados, es que el proyecto está limitado por las regulaciones ambientales que decretaron el 80 % de la Amazonia como reserva forestal, además de las nefastas consecuencias ambientales que se generarían si se construye la carretera.
El problema es el siguiente: la pavimentación, además de los daños que produce la construcción de la vía como tal, fomenta los asentamientos, la deforestación y, por ende, abre la puerta a que se arruine el plan de conservar ese importante territorio como reserva forestal, no sólo por el bien del país, sino del mundo entero. Por ejemplo, según un informe del Ideam, en el bioma amazónico, entre los años 2000 y 2012, el 50 % de las zonas deforestadas se encontraban a una distancia menor de dos kilómetros de un segmento vial y el tamaño de parche deforestado en las zonas próximas a vías es en promedio de 4,55 hectáreas. Preocupante.
“Aunque la red vial es de diez metros de ancho, generaría un esquema de colonización que ya se está viendo”, le dijo a El Espectador César Meléndez, director de la Corporación del Norte y Oriente Amazónico (CDA), la cual tuvo que intervenir ante las denuncias de maquinaria en la zona.
Que los pobladores de Miraflores pidan estar más conectados con el país es apenas justo, sobre todo considerando que actualmente la manera que tienen para transportarse es en exceso complicada (vía acuática, limitada por las temporadas, aérea o mediante la trocha, que sólo permite el paso de camionetas 4×4 o motos deportivas). Sin embargo, lo que no puede hacerse es pavimentar y seguir creyendo que los ecosistemas ambientales son un obstáculo para el desarrollo.
Más aún cuando los intereses sobre ese territorio no están claros y ese espacio sigue siendo zona de influencia de un grupo disidente de las Farc con fuertes lazos con el narcotráfico. Las autoridades nacionales y regionales están teniendo problemas para perseguir a quienes cometen delitos ambientales y el Gobierno Nacional está en deuda de brindar alternativas viables para la sostenibilidad de Miraflores (un tren que no fomente los asentamientos e incluso reubicar el pueblo con ayudas estatales, son dos propuestas que le plantearon expertos a El Espectador).
En la Cumbre de Cambio Climático de París de 2015, Colombia se comprometió a reducir a cero la deforestación en el Amazonas. Permitir esta carretera no sólo iría en contra de ese compromiso, sino que devolvería el país a una política del desarrollo que no entiende que la sostenibilidad es urgente. Estos son los tipos de problemas en los que tenemos que centrar los esfuerzos para construir una nueva Colombia.
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