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El positivo mensaje del papa Francisco en Irak

08 de marzo de 2021 – 10:00 p. m.
El papa comenzó la misa en latín, con la capa pluvial morada en la espalda y el solideo blanco en la cabeza, ante una asamblea silenciosa y recogida en el último día de su visita a Irak, la primera de un papa en ese país.
La visita del sumo pontífice a ese país envía un mensaje poderoso de unidad y paz. / Foto: AFP
Foto: AFP - SAFIN HAMED

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Dentro de los viajes que ha llevado a cabo el papa Francisco, el que acaba de realizar a Irak se constituye en un hecho muy significativo, digno de resaltar. No solo por realizarlo en un país mayoritariamente musulmán, sino por su mensaje de paz, en contra del fanatismo religioso y de los odios que han asolado a este martirizado país de Oriente Medio. El tener la oportunidad de reunirse con la máxima autoridad chií, el ayatolá Alí Sistani, demuestra el gran desempeño de la diplomacia vaticana, pues el sumo pontífice tiende así un puente hacia la corriente mayoritaria, el chiísmo, tanto en Irak como en Irán, el país vecino.

Los riesgos de la visita de tres días eran muchos, en este que se convierte en su primer viaje al extranjero desde que se inició la pandemia. No solo por la seguridad personal del papa, sino por las críticas que recibiría al tomar una decisión de tanta valentía. “Muchas veces hay que arriesgar para dar este paso. Hay algunas críticas de que el papa no es valiente, es un inconsciente o que está dando pasos contra la doctrina católica y está a un paso de la herejía. Son los riesgos. Pero son decisiones que se toman en diálogo, pidiendo consejo. No son un capricho”, dijo Francisco al terminar el periplo. Tiene toda la razón. Si hay alguien que tiene legitimidad y autoridad moral para llevar un mensaje contra el fanatismo es el actual pontífice que le ha dado a al Iglesia católica, en medio de todos los problemas internos, un necesario aire de cambio. La reunión con el ayatolá Alí Sistani abre el camino para un eventual acuerdo similar al que suscribió hace dos años con el imán Al Tayeb, líder de la rama suní del islam.

Desde que se produjo la invasión de Estados Unidos a Irak, a comienzos del presente siglo, las cosas para este país han ido de mal en peor. La institucionalidad que se esperaba reconstruir quedó seriamente fraccionada por los graves problemas de fanatismo religioso entre chiíes y suníes, la no resuelta situación de los kurdos, así como la instauración del llamado Estado Islámico (EI) en Siria y parte del territorio iraquí. En medio de esta compleja situación, el que una personalidad como Francisco se acerque a tender una mano no debe pasarse por alto.

Como se ha mencionado, el viaje maratónico que realizó por todo el país, en especial la visita a la martirizada ciudad de Mosul, deja una enseñanza positiva. Esta ciudad se convirtió en la representación más clara de la persecución religiosa y la mejor prueba de los efectos devastadores del fanatismo islámico. Fue allí donde se proclamó en 2014. En una plaza donde había cuatro iglesias hoy solo quedan escombros. Ante la destrucción, Francisco hizo una reflexión que deja mucho que pensar para quienes fabrican y trafican con armas: “¿Quién vende las armas a estos destructores? Porque las armas no las hacen ellos en casa. Así que, ¿quién se las vende? ¿Quién es el responsable? Pediría (…) al menos que tengan la sinceridad de decir que son ellos quienes las venden (…) No es lícito hacer la guerra en nombre de Dios”. Hoy, siete años después, se recuerda como el EI marcaba las casas de los cristianos en Mosul para ser saqueadas. Esto llevó a que huyeran medio millón de personas, una quinta parte de las cuales eran cristianos. Hoy quedan tan solo 12 familias. Según las informaciones existentes, para 2013 había cerca de 1,4 millones de cristianos en el país y actualmente están entre los 200.000 y 300.000.

Ya con 84 años y un problema de ciática, el papa Francisco está programando sus próximos viajes, entre ellos a Hungría, para asistir a un Congreso Eucarístico; a Eslovaquia, y, más adelante, al Líbano. También tiene pendiente el viaje a la Argentina, así como a Brasil y Uruguay, que no pudo llevar a cabo con anterioridad. Lo cierto es que ha comenzado con pie derecho esta nueva etapa de su peregrinar por el mundo, con un mensaje que hace mucha falta: invocar la paz y condenar el fanatismo.

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