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No sólo se trata de un país con el que tenemos una activa frontera común, sino que además es un importante socio comercial y se ha convertido en lugar de residencia de muchos compatriotas que han llegado para hacer negocios o que han encontrado allí refugio pues han debido emigrar por culpa de la violencia y la inseguridad.
Por los motivos mencionados era urgente y necesario pasar definitivamente la página tras los graves problemas que se derivaron del bombardeo al campamento de Raúl Reyes en el país vecino cuando el actual mandatario era ministro de Defensa.
Allí, en la gravedad de un hecho tan controversial, se gestó una confrontación innecesaria que llevó la relación con el vecino del sur a su peor momento. Aunque poco a poco se fue restableciendo el diálogo entre Quito y Bogotá, no fue sino el 7 de agosto del año pasado, en el marco de la ceremonia de toma del poder de la actual administración, cuando el presidente Santos y la canciller Holguín dieron el timonazo para encarrilar las cosas por el lado correcto. No era una tarea fácil, por los muchos resquemores que continuaban gravitando al otro lado de la frontera. Sin embargo, las muestras de sinceridad, el nuevo discurso integracionista y la mejora de las relaciones con los otros vecinos, en especial con Venezuela, terminaron por convencer al presidente Rafael Correa de que valía la pena intentar este nuevo acercamiento. Los hechos, un año largo después, demuestran que valió la pena.
Por este motivo, la visita presidencial fue valorada por el mandatario ecuatoriano como una ocasión en extremo importante. La misma se llevó a cabo luego de que se superaran algunos baches, como cuando un juez de la provincia de Sucumbíos hubiera archivado finalmente un proceso penal que se seguía contra nuestro primer mandatario por los hechos mencionados.
Ahora, en esa misma frontera, el ambiente de cooperación ha permitido cimentar un nuevo concepto de vecindad. De las acusaciones hechas aquí durante el pasado gobierno por la permisividad de autoridades civiles y militares ecuatorianas con grupos guerrilleros y el poco compromiso para combatir los cultivos de coca, se ha pasado a un activo esquema de cooperación en materia de seguridad fronteriza. El mismo tuvo ya resultados adicionales durante la visita: un acuerdo para trabajar de manera conjunta, entre otros temas, contra la minería ilegal. No en vano el presidente Santos resaltó la forma coordinada en que las fuerzas militares y de policía actúan hoy en comparación con el diálogo de sordos que primó con anterioridad debido a la falta de confianza prevaleciente.
Uno de los puntos más importantes, dentro de los logros de la presente visita, es el de la medida que permitirá que los vuelos binacionales, que hasta el momento tienen la categoría de internacionales, pasen a considerarse como vuelos nacionales, con las ventajas que esto trae en materia de inmigración, impuestos a los viajeros y otros trámites burocráticos. Se concretó, además, la construcción de un nuevo puente fronterizo sobre el río Matá. No es lógico que el fluido tránsito de personas, así como el activo intercambio comercial, se realicen simultáneamente a través del puente de Rumichaca, sobre el San Miguel.
De esta manera la política exterior colombiana continúa transitando por la senda de la integración, de la cual no ha debido desviarse. Los temas controversiales, comenzando por el de la seguridad, tienen que ser asumidos dentro de un ambiente de diálogo, cooperación y confianza como se está haciendo hasta el momento. No hay otra forma de construir la vecindad de manera asertiva.