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Fase tres: el verdadero reto

EL GOBIERNO HA SIDO CLARO EN EL orden de sus prioridades para enfrentar la emergencia invernal:

18 de diciembre de 2010 – 06:00 p. m.

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“Primero que todo y ante todo, salvar vidas (…) luego la ayuda humanitaria, para que el sufrimiento sea el menor posible (…) y después viene la tercera fase, la de reconstruir lo que se ha destruido”, recordó este miércoles, una vez más, el presidente Santos. No obstante, sin desconocer el trabajo de rescate de organismos como la Cruz Roja, la Defensa Civil y las Fuerzas Militares, ni tampoco el esfuerzo logístico en la construcción y dotación de los campamentos de damnificados, el reto más difícil es, sin duda, el último: la reconstrucción. Que el país pueda salir de esta tragedia en un lapso de tiempo razonable y que las consecuencias sociales no sean peores que el desastre que las originó, depende de qué tan rápido pueda el país restablecer su infraestructura y su producción. Nada bueno resultará de 2.121.894 damnificados y 279 muertos, según iba el trágico balance al cierre de esta edición, pero si la gestión del Gobierno es pronta y adecuada, las repercusiones serán, en definitiva, menores.

La proximidad de la fase tres, que debe iniciarse antes de que ceda el invierno, ha despertado, como era de esperarse, el debate por los recursos. Las pérdidas totales se estiman hasta ahora en 10 billones de pesos. Dependiendo de cuánto daño privado decida asumir el Estado, se requerirán entre uno o dos puntos del PIB. El Ministerio de Haciendo ha advertido ya medidas tributarias y aunque en el momento se desconoce cuáles, la magnitud del desastre requeriría de la intervención en recaudos significativos y que se sucedan a lo largo del año. De aquí que aumentos en el IVA, en el impuesto de renta corporativo y en el impuesto a las transacciones hayan comenzado a sonar como candidatos. Sin embargo, más allá de cuáles sean los tributos que defina el Gobierno, una reforma fiscal para enfrentar una coyuntura, como lo es el invierno, parece apresurada, incluso bajo el ya poco creíble velo de una disposición temporal. Si va a alterarse el sistema fiscal, que sea por razones de largo plazo. No es tiempo de andar improvisando con el sistema tributario. 

De esta manera, por ser coyuntural, más que aumentos en el ingreso para enfrentar el invierno debería replantearse el gasto, pues finalmente las prioridades sí han cambiado y ya no necesariamente coinciden con el Plan Nacional de Desarrollo propuesto originalmente para el cuatrenio. De ser estos ajustes insuficientes, está la posibilidad de endeudamiento, que bien calculada y administrada no debería ser un problema. Pero bien sea a través impuestos, recortes o deuda, la dificultad no está tanto en los recursos. Financieramente el país puede enfrentar el invierno y sus consecuencias. Lo que preocupa más  es que cuente con la capacidad institucional para ejecutarlos. Las lluvias han hecho estragos por todo el territorio y en todos los sectores. Nada fácil será la coordinación necesaria para abordar todos los frentes. El Estado colombiano es más bien pequeño y la tragedia inmensa.

Así, entonces, el anuncio  que  más hace falta  no es el de la fuente de los recursos, sino más bien el del plan de contingencia para reconstruir el país. ¿Se creará una especie de pequeño nuevo ministerio? ¿Se implementará en los ministerios existentes una subdirección? ¿Quién dirigirá la coordinación interministerial? ¿Tendrán las alcaldías y gobernaciones metas concretas? ¿Habrá sanciones extraordinarias en caso de incumplimiento? ¿Se reorganizarán los entes regionales? Es decir, ¿cómo vamos a hacer para levantarnos de nuevo? Reconstruir los daños es una tarea tan grande que se hace aterradora. No sería exagerado decir que estaba mejor preparada nuestra infraestructura para enfrentar el invierno que nuestras instituciones. Cuando las lluvias cesen, estaremos lejos de cantar victoria.

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