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Hoy Bogotá despierta con otro paro de taxistas. Después del bloqueo en la vía hacia el aeropuerto El Dorado del pasado viernes, Hugo Ospina, polémico presidente de la Asociación de Propietarios y Conductores de Taxi, utilizó su típica retórica incendiaria para convocar de nuevo a sabotear la movilidad de la ciudad. Hablando con Mañanas Blu, de Blu Radio, fue vehemente: “El 23 de este mes nos tomamos la ciudad nuevamente, porque siguen los abusos y la Secretaría de Movilidad no nos da la cara. Este lunes habrá una gran toma de la ciudad, ya no los poquitos que paramos”. Esta historia ya la conocemos y nunca ha terminado bien.
Las razones para bloquear la ciudad han sido ambivalentes. El viernes pasado, Ospina y compañía dijeron que se trataba de una justa protesta porque la policía habría llevado un procedimiento inadecuado para inmovilizar un taxi frente al centro comercial Gran Estación. Resulta que el taxista había tenido una emergencia y tuvo que ir al baño, pero la Policía de todas maneras se llevó el vehículo por bloquear la vía. Por eso, se citaron los procedimientos indebidos de las autoridades para protestar. La pregunta necesaria es: ¿qué más hay detrás de esta muestra de fuerza?
Porque las condiciones laborales de los taxistas son, por supuesto, un reclamo justo que ha sido ignorado durante mucho tiempo, pero tal vez se está intentando hacer un golpe político para enviar un mensaje al Ministerio del Transporte, que está buscando regular, por fin, las plataformas de transporte. Ospina, claro, pone la atención en otro lado: “Ya nos cansamos de los abusos. Que por exceso de tarjetón, que no se meta por el carril del aeropuerto, que usted no puede tener el sello, que una cosa… ¡Nos mamamos! Este es el momento que los llamo a la unidad gremial. Dejemos el egoísmo y la envidia y unámonos, compañeros”, dijo en un video. Y habló de protestas que pueden ir hasta febrero.
¿Por qué, si la Secretaría de Movilidad ha mostrado estar abierta al diálogo, Ospina promueve ahora bloqueos duraderos en la ciudad? Tal vez ven a un Ministerio de Transporte sensible a las manifestaciones, como lo demuestran las múltiples concesiones a los usuarios de motos, incluyendo la reducción del SOAT, y también los subsidios a la gasolina mientras el precio sigue en aumento. En vísperas de la discusión sobre las plataformas tecnológicas, sería lamentable que una regulación se vea frustrada en el país por el poderoso lobby taxista y su capacidad de convertir en caos la movilidad de la ciudad.
Necesitamos una normatividad más digna que cumpla múltiples tareas: garantizar los derechos laborales de los taxistas y blindarlos contra los abusos que sufren en el día a día; proteger a los conductores de vehículos de las plataformas digitales y les dé herramientas para reclamar sus derechos ante las multinacionales como Uber y similares, y legalice de una vez por todas las plataformas digitales como un medio de transporte válido en el país. Ojalá el debate no se descarrile por los bloqueos que estamos viendo.
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