La Conquista no es cosa del pasado

Si España debería (o no) ofrecer algún tipo de reparación simbólica por los hechos que ocurrieron durante la Conquista en los países que hoy conforman la América Latina es una conversación que vale la pena tener, más cuando por estos años se conmemoran bicentenarios de independencias en el subcontinente.

30 de marzo de 2019 – 12:00 a. m.

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Eso, sin embargo, debería ir acompañado de un debate más cercano: ¿qué están haciendo nuestros presidentes y qué han hecho nuestros gobiernos, a lo largo de los años de vida republicana, para mejorar la realidad de las poblaciones indígenas? En Colombia, se trata de un tema que está al rojo vivo por lo que está ocurriendo en el Cauca.

Esta semana, Andrés Manuel López Obrador, presidente de México, encendió la polémica. Su gobierno envió una carta dirigida a la Corona española y al papa Francisco pidiendo, en palabras del mandatario, “que se haga un relato de agravios y que se pida perdón a los pueblos originarios por las violaciones a lo que ahora se conoce como derechos humanos; hubo matanzas, imposiciones… la llamada Conquista se hizo con la espada y con la cruz”. Razones no faltan.

En España, la misiva fue recibida con incomodidad. El gobierno de ese país dijo, en un comunicado, que “la llegada, hace 500 años, de los españoles a las actuales tierras mexicanas no puede juzgarse a la luz de consideraciones contemporáneas. Nuestros pueblos hermanos han sabido siempre leer nuestro pasado compartido sin ira y con una perspectiva constructiva”. Tras bambalinas, se habla de una molestia por el gesto del mandatario mexicano.

Son varias las consideraciones. Por un lado, les queda muy mal a las autoridades españolas responder con evasivas y adoptar una posición defensiva. López Obrador no está pidiendo indemnizaciones (debate que no es trivial, como el que se ha venido dando en Estados Unidos sobre reparaciones a los afroamericanos por lo ocurrido durante los siglos de esclavitud). Su objetivo es dialogar públicamente, con transparencia, y llegar a un proceso de reconciliación que puede tener un enorme peso simbólico. ¿Por qué no considerar una manera de hacerlo?

Dicho eso, López Obrador tiene rabo de paja. Expertos en México que criticaron la misiva se enfocaron en un punto obvio: ¿no sería más útil hablar de cuáles son las medidas que el gobierno actual va a tomar para que las poblaciones indígenas puedan superar los problemas que todavía las aquejan? Lo dijo Mario Vargas Llosa: “El problema no está allá, en el pasado de hace 500 años, está vivo hoy y nos golpea la conciencia a los latinoamericanos”. Los problemas con la minga indígena en el Cauca demuestran que Colombia no es ajena a esta discusión.

Como escribió Catalina Uribe para El Espectador, “culpar a otros de los problemas actuales se ha vuelto la estrategia y la regla de varios líderes contemporáneos”. El enemigo común y lejano (en este caso, la España del pasado) distrae de los retos reales y urgentes (la injusticia contra los pueblos indígenas). Hablemos de historia, sí, pero también del ahora. ¿Qué vamos a hacer para que no perdure la situación inhumana y degradante que viven muchas poblaciones indígenas?

¿Está en desacuerdo con este editorial? Envíe su antieditorial de 500 palabras a yosoyespectador@gmail.com.

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