Publicidad

La hora de la solidaridad

Las dantescas imágenes y relatos que llegan de Haití, luego del terremoto que azotó a la isla con una magnitud inusitada, dan cuenta parcial de la gravedad y desastrosas consecuencias que quedan para el país caribe.

14 de enero de 2010 – 06:00 p. m.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

De hecho en este momento, dos días después de ocurridos los hechos, todavía es imposible cuantificar el numero de victimas mortales, así como los cuantiosos daños materiales. Decíamos en nuestro editorial del lunes pasado que en el mundo de hoy se debe imponer un esquema de cooperación global frente a los graves problemas que afrontamos. Este es el momento para demostrar que la solidaridad es la mejor respuesta frente a un desastre que enluta a todo el continente.

Desde el 7 de mayo de 1842, cuando ocurrió un terremoto de 8,1 grados en la escala de Richter que arrasó con la ciudad de Cabo Haitiano, en la costa norte de Haití, no ocurría un evento similar en el país mas pobre del Hemisferio Occidental. No bastaron las dictaduras sangrientas de Papa Doc y su nefasto hijo, Nene Doc Duvalier, ni la inestabilidad política, económica y social, para que la naturaleza también terminara ensañándose de manera brutal contra los haitianos. Un par de años atrás un huracán causo graves pérdidas en vidas humanas y daños en la precaria infraestructura de la isla.

El primer ministro, Jean Max Bellerive, cifró en "más de 100.000" los muertos a causa del terremoto. Un número que por lo pronto nadie está en capacidad de corroborar, pero que ofrece una idea amplia de la magnitud de la tragedia. Varias edificaciones se vinieron abajo. El edificio de la Catedral, el Palacio Nacional, la oficina de Hacienda, el Ministerio de Justicia, hospitales, escuelas, hoteles y hasta los muros de una cárcel, de la que escaparon algunos presos, fueron derribados como castillos de naipes. Entre los hechos patéticos de esta jornada quedara grabada la imagen del presidente Preval, con la cara descompuesta, diciéndole a un reportero de CNN que estaba supervisando de primera mano la magnitud de lo ocurrido, y que no tenia donde dormir esa noche luego de lo ocurrido en el Palacio. Pero, agregaba, que ese no era su tema principal de preocupación, sino que había miles y miles de personas en la misma situación que el y eso realmente lo que había que solucionar.

La Cruz Roja calcula que el número de damnificados asciende a tres millones. Las calles continúan atestadas de heridos y muertos y el caos y el miedo han copado el ambiente. Ahora, lo grave es que vendrá una situación mas critica, si se puede, pues ante la falta de agua potable, alimentos, dificultad para enterrar a los muertos y atender a los heridos, con seguridad se van a desencadenar epidemias que no podrán ser fácilmente controladas ante la carencia de medicamentos y la realidad de la infraestructura hospitalaria arrasada.

En lo inmediato, la solidaridad internacional ya se ha manifestado y desde Estados Unidos a Europa, pasando por Colombia, comienzan a fluir elementos indispensables para atender de manera urgente las consecuencias inmediatas del siniestro telúrico. El pueblo colombiano, que ha vivido situaciones similares con Armero, Armenia y otros momentos difíciles de nuestra historia, debería sumarse a esta causa de ayuda a un pueblo hermano con el que nos unen lazos históricos que se remontan a la época de nuestra independencia. Y no es mera retórica.

Sin embargo, el tema de Haití es de mucho mayor calado. Considerado por mucho como un país fallido, o no viable, sus habitantes malviven en medio de la miseria y su economía depende de la cooperación internacional y de las remesas de sus emigrantes. Apenas pase este momento doloroso, y se pueda establecer con claridad la magnitud de lo ocurrido, será indispensable llevar a cabo una conferencia internacional, auspiciada por la ONU -muchos de cuyos colaboradores en Haití murieron a causa del seismo- para establecer las bases de un nuevo esquema de cooperación internacional que le permita al gobierno, y al pueblo haitiano, reconstruir un país y una economía que les permitan integrarse a la comunidad internacional en condiciones dignas.

Si, como dicen, la solidaridad es la forma de expresar ternura entre los pueblos, es la hora de hacerlo ante este doloroso capitulo de la historia de America Latina.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido