Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
/
La opinión pública de los países de la región continúa sin entender por qué los organismos multilaterales, o los mecanismos regionales existentes, no asumen una actitud más frontal frente al horror que se vive en el país vecino. Salvo la vertical posición de Luis Almagro, secretario general de la Organización de los Estados Americanos (OEA), al señalar sin ambages las arbitrariedades del régimen de Maduro, es demasiado lo que falta por hacer a nivel internacional. El miércoles de la semana anterior se llevó a cabo en la OEA una reunión de los cancilleres de las Américas para analizar el tema de Venezuela. En el entendido de que es la primera vez que se lleva a cabo una reunión de este tipo y que se ha avanzado en el número de países que denuncian públicamente lo que allí está sucediendo, de nuevo los países del Alba, en especial los del Caribe —aliados incondicionales de Caracas—, impidieron que se adoptara una declaración sensata. La reunión continúa abierta y, con seguridad, se retomará durante la próxima Asamblea General de la OEA en México, del 19 al 21 de junio.
Es de esperar que para ese momento se llegue a un consenso que inste a Maduro a reversar la convocatoria a una amañada asamblea constituyente; que anuncie sin dilaciones un calendario electoral, en especial para los comicios locales y regionales; que permita un canal humanitario con la ayuda externa en materia de alimentos y medicinas, que escasean en el país. Por último, que se libere de inmediato a todos los presos políticos. Con lo anterior no se van a solucionar los gravísimos problemas estructurales existentes en Venezuela, pero al menos es un primer paso en el sentido correcto. Luego vendrán las elecciones generales que le permitan al pueblo escoger de manera democrática, y con observación internacional, el tipo de gobierno que desean. Y no, como ha venido sucediendo en el último año, que se les imponga un régimen autoritario que terminó escorando hasta convertirse en una cruel dictadura.
Una de las peticiones que hacen la mayoría de los países es retomar el diálogo. No se duda de que sería los más deseable y sensato. Nadie, en su sano juicio, puede esperar que la salida a una situación desesperada como la del país vecino pueda ser violenta. La única vía posible debe ser democrática, con respeto a la institucionalidad, y debe darse entre los propios venezolanos. Si Nicolás Maduro continúa acudiendo al diálogo para dilatar, como lo ha hecho en el pasado, cualquier solución que implique su salida por las urnas del poder, no será posible que la oposición en la calle caiga en la trampa oficialista de dejarse enredar una vez más. Si las condiciones para el mismo pasan por el cumplimiento de los acuerdos alcanzados con anterioridad, y luego ignorados por Maduro, las cosas pueden comenzar a cambiar para bien. Sin embargo, de momento, todos los pasos dados por el Gobierno apuntan a transitar la misma senda del autoritarismo, ignorando las legítimas peticiones de la oposición.
Mientras tanto cae bajo las balas un alto número de opositores o suceden hechos repudiables, como el del asesinato, a manos de opositores, de un infiltrado oficialista que fue quemado y apuñalado por algunos manifestantes. La comunidad internacional debe actuar ya para acabar con esta absurda situación.
¿Está en desacuerdo con este editorial? Envíe su antieditorial de 500 palabras a yosoyespectador@gmail.com.