La trivialidad de exigir a un alcalde bogotano

19 de enero de 2019 – 12:00 a. m.
Bogotá es una ciudad que atrae a migrantes de todo el país y genera  sentido de pertenencia. ¿Por qué no podrían ser parte de las consideraciones políticas? / Foto: Mauricio Alvarado - El Espectador
Bogotá es una ciudad que atrae a migrantes de todo el país y genera sentido de pertenencia. ¿Por qué no podrían ser parte de las consideraciones políticas? / Foto: Mauricio Alvarado – El Espectador

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Un debate interesante surgió esta semana por las desafortunadas declaraciones de Diego Molano, precandidato a la Alcaldía de Bogotá por el Centro Democrático. En síntesis, la pregunta es: ¿un alcalde que haya nacido en Bogotá tiene el potencial de ser mejor que uno que haya migrado a la capital, solo por el hecho de haber nacido allí?

En entrevista con W Radio, a Molano le pidieron que describiera a Antonio Navarro, su posible competidor, en una palabra. Su respuesta: “pastuso”.

Posteriormente, en entrevista con Blu Radio y después de haber recibido críticas por un comentario que, en total justicia, podía interpretarse como un uso despectivo del gentilicio, Molano explicó: “Hice referencia al doctor Antonio Navarro porque lo que creo es que los bogotanos debemos elegir a un alcalde bogotano. (…). Estoy seguro de que los pastusos no elegirían a un alcalde bogotano. (…) Me refería más a que los bogotanos tengamos la oportunidad de elegir a un alcalde por aprecio y estima a la ciudad. De ninguna manera era algún tipo peyorativo de utilizar el gentilicio”.

Dejando a un lado el aspecto más problemático de esta coyuntura, que es la estigmatización de las personas por su lugar de origen, nos queremos centrar en la idea esa de que los bogotanos no deberían considerar a un candidato que no haya nacido en la capital.

Para empezar, Bogotá ha tenido en varias ocasiones alcaldes que no han nacido acá, pero que han demostrado mucho aprecio y estima por la ciudad. El actual burgomaestre, Enrique Peñalosa, nació en Washington, Estados Unidos. Su antecesor, Gustavo Petro, nació en Córdoba. Si nos devolvemos un poco, encontramos a Jaime Castro, quien es oriundo de Boyacá. ¿Cuál sería la razón para no permitir que funcionarios de la talla de los mencionados desempeñen el cargo por el simple hecho de no haber nacido en Bogotá?

Esa posición, además, invita a ignorar que Bogotá es una ciudad que se ha construido atrayendo a migrantes de todo el país. Según datos del DANE, hace cuatro años los inmigrantes representaban el 32 % de la población total de la capital. Para muchos de ellos, atraídos por las oportunidades laborales y culturales, Bogotá es su hogar. Para otros, la capital es refugio. Ambas situaciones generan sentido de pertenencia; además de un interés por mejorar las condiciones de todos los que vivimos acá. ¿Por qué no podrían, entonces, ser parte de las consideraciones políticas?

Además, al ser el centro del Gobierno Nacional y de las actividades del Congreso, Bogotá atrae a muchas personas capacitadas que quieren destinar su vida al servicio público. ¿Les cerramos la puerta también?
De fondo, la realidad es que el debate propuesto por Molano es trivial. Una persona puede haber nacido en una ciudad por la que no siente aprecio y la situación contraria es igual de cierta. 

Ahora que arranca la campaña electoral, esperamos que los candidatos a la Alcaldía propongan discusiones complejas y útiles, para que los votantes (bogotanos e inmigrantes) puedan elegir bien. No perdamos tiempo en prejuicios. 

¿Está en desacuerdo con este editorial? Envíe su antieditorial de 500 palabras a yosoyespectador@gmail.com.

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