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Que no vuelvan las masacres

No deja de entristecer que la sociedad colombiana se una para condenar el secuestro vil de un general, pero parezca muda a la hora de condenar una masacre como la ocurrida en Amalfi (Antioquia) el pasado viernes.

14 de diciembre de 2014 – 09:00 p. m.

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En la madrugada de ese día, desconocidos llegaron a la vivienda de la familia Castrillón Herrera, ubicada en la vereda Silencio Monos, y abrieron fuego. Se dispararon, por lo menos, 94 tiros contra una familia indefensa, que a esa hora dormía. Según testigos, el tiroteo duró varios minutos. Luego, los desconocidos entraron a la vivienda y ultimaron a sus moradores con tiros de gracia. El saldo: siete personas muertas. Una noticia lamentable en momentos en los que Colombia habla de paz.

Las autoridades manejan tres hipótesis. La primera: que la masacre fue perpetrada por el clan Úsuga porque las víctimas formaban parte del Eln. La segunda: que fue cometida por el Eln porque las víctimas se negaron a seguirle colaborando. Las autoridades encontraron panfletos de ese grupo armado ilegal en la escena del crimen que corroborarían dicha teoría. Y la tercera: que esta matanza tendría algo que ver con las declaraciones que le ha dado a la justicia el exjefe paramilitar Daniel Rendón Herrera, alias Don Mario, primo de algunas de las víctimas. Las tres preocupan por igual. Las tres generan serios cuestionamientos.

Si el responsable de tal atrocidad fue el clan Úsuga, habría que recordar que no es la primera vez que se involucra a esta estructura criminal con hechos tan lamentables. Masacres en Santa Rosa de Osos (Antioquia), en Buenaventura (Valle) y en Cali forman parte de su larga lista de atrocidades, de ese que la Defensoría ya ha dicho que es uno de los mayores violadores de derechos humanos en Colombia.

Si se descubre que el responsable de esta barbarie fue el Eln, este hecho pondría en duda las intenciones de paz de ese grupo armado ilegal. Si un secuestro puso a las Farc a dar explicaciones, peor una masacre de siete campesinos inermes. Y si esta masacre tiene algo que ver con las declaraciones que ha dado Don Mario, la justicia tendría que responder, de inmediato, quiénes estarían interesados en acallar al exjefe paramilitar mediante actos tan atroces como este. Es necesario que la justicia esclarezca este hecho que enluta al país.

Hechos como este son una advertencia para los diálogos en La Habana y debería ser tenida en cuenta, sobre todo por sus ingredientes: la posible participación de una banda criminal que, por demás, se ha convertido en una piedra en el zapato para las autoridades colombianas; una presunta guerra entre esta y el Eln, todo por apoderarse de un corredor estratégico del narcotráfico; o la posible comisión de una sangrienta venganza contra un exjefe paramilitar que durante muchos años fue un protagonista de una barbarie sin límites que ahora ejercen sus herederos.

La enseñanza puede ser triple: hay que combatir y acabar con estas estructuras criminales que afectan el proceso de paz. Hay que esclarecer si algunos frentes del Eln y las Farc se les rebelaron a sus comandantes y, movidos por la ambición que genera el narcotráfico, estarían yendo en contra de lo que sus jefes han dicho; hay que proteger a las familias de quienes ya no son parte del conflicto, pero, en su momento, fueron sus protagonistas.

Esta masacre en Amalfi no ha causado el mismo estupor que otros hechos igual o menos lamentables. Hoy, a las 3 de la tarde, los habitantes de Amalfi se reunirán en el parque principal de su municipio para rechazar esta matanza. El mensaje es claro, y desde esta casa lo apoyamos con vehemencia: que no vuelvan las masacres.

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