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Después de la inaceptable insistencia de la guerrilla del Eln en continuar realizando atentados contra los colombianos pese a estar en un diálogo con el Gobierno Nacional, había serias dudas sobre la posibilidad de llevar a buen puerto esas negociaciones. Aunque todavía estamos muy lejos de un punto de no retorno, las noticias de ayer dan motivos de esperanza para tener una Colombia sin el Eln.
En su segundo comunicado conjunto y al término del primer ciclo de conversaciones en Quito (Ecuador), las delegaciones del Gobierno y del Eln anunciaron que se acordaron varios puntos, y se comprometieron a seguir conversando el 3 de mayo. Aunque los avances son pequeños, involucran gestos humanitarios que son indicios de un cambio de actitud en el Eln, lo que es una buena noticia de que el proceso va por buen camino.
Uno de los avances anunciados, y el más importante, es que, como dijo el Gobierno en su comunicado, “se avanzó en un entendimiento para desarrollar un proyecto piloto de desminado humanitario en los próximos meses”. Eso tiene una influencia sobre el resto del proceso pues, como también lo dice la delegación del Estado, “significa que nos hemos puesto de acuerdo en que la guía de las acciones unilaterales que deben adoptar las partes, y los acuerdos a los que se llegue deben tener como objetivo ineludible el cumplimiento de los postulados del Derecho Internacional Humanitario. Esto debe tener consecuencias prácticas como la necesidad de que el Eln acepte el imperativo del Derecho Internacional Humanitario, que prohíbe el secuestro”.
Lo anterior no es cualquier gesto. Con el atentado en Bogotá que cobró la vida de un policía, así como los múltiples ataques a oleoductos y su defensa continuada del secuestro como arma de guerra, muchos colombianos tienen justas dudas sobre la voluntad de paz del Eln. Si algo nos enseñó el proceso de paz con las Farc es que el pueblo cobra muy cara la ausencia de remordimiento y reconocimiento de los crímenes.
Por eso, que el Eln reconozca el DIH y además se comprometa a colaborar con el desminado, así como encontrar otros gestos humanitarios, es una buena noticia. ¿Comprendió, por fin, que la firma final no es con el Gobierno sino con los colombianos y que el éxito del proceso y su reintegración a la vida civil depende de la confianza que logre construir? Ojalá.
La otra noticia interesante fue la revelación de que “Pastor Alape” y “Antonio Lozada”, dos de los miembros del Secretariado de las Farc, viajaron a Quito para comenzar a trabajar en la sincronización de la mesa de conversaciones en Ecuador con lo hecho en La Habana. Su vinculación es necesaria, no sólo para meterle el acelerador al proceso con el Eln (no deben olvidar que viene una etapa electoral muy complicada que puede poner en riesgo lo que se pacte), sino porque los miembros de las Farc pueden servir, esperamos, para bajarle la arrogancia a los delegados del Eln compartiendo sus enseñanzas.
Sabemos que todavía falta mucho trecho y seguramente aparecerán más obstáculos. Pero seguimos convencidos de la importancia de apostarle a la paz. Si continuan los gestos humanitarios, podríamos terminar el año con una Colombia mucho más alejada del conflicto armado. Ganamos todos.
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