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El escándalo surgió por la revelación de un proyecto de decreto que contempla que el Ministerio de Comercio, Industria y Turismo y el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible pasarían a ser coadministradores de los PNN, con la potestad de definir “dónde se podría hacer turismo de naturaleza”. Esto causó justa incomodidad en Parques Naturales Nacionales, entidad encargada hasta ahora de la administración de las reservas, pues temen que, además de perder sus competencias, esto signifique que se abran las compuertas del turismo privado, lo que podría afectar la sostenibilidad ambiental.
Que el decreto haya estado tan avanzado sin contar con la participación de la Unidad de Parques es muy diciente sobre la prioridad del Mincomercio y es un motivo suficiente para la desconfianza que expresaron activistas y ciudadanos preocupados. Tanto más cuando el Ministerio de Ambiente y Desarrollo Sostenible, en vez de ejercer el necesario contrapeso que garantice la priorización de la sostenibilidad ambiental, aparece como socio del proyecto de Mincomercio.
Dicho esto, la solución no puede ser cerrar por completo las posibilidades de desarrollo ecoturístico alrededor de los PNN. Esto, antes bien, significaría su condena, pues lo que hemos visto es que estas reservas tienen serios problemas de recursos, lo que a su vez dificulta las capacidades de las autoridades para protegerlos de problemas como los de la minería ilegal, los cultivos ilícitos o el turismo sin control.
La clave está, entonces, en aprovechar ese interés por el ecoturismo, que es mundial, pero teniendo como prioridad la conservación de los parques y no el negocio turístico. Un punto que no puede ser negociable, por ejemplo, es la no construcción dentro de los parques, aunque eso vaya en contravía con el interés de la industria hotelera. Lo que está en juego es el pulmón de Colombia y del mundo, así como una biodiversidad privilegiada que es motivo de orgullo.
En ese sentido, confiamos en las palabras de la ministra de Comercio, María Claudia Lacouture, al reaccionar a las dudas planteadas: “En ningún momento el Ministerio ha querido intervenir los parques naturales de Colombia; lo que queremos es buscar la posibilidad de generar un desarrollo en las comunidades donde se encuentran las reservas para poder llevar equidad, educación y la posibilidad de crecer”.
El turismo es sin duda una fuente de divisas importante y es loable que se piense en la manera de incentivar su desarrollo. Tanto más considerando que el año pasado el país recibió un total de 5’100.000 turistas, un incremento del 14 %. Pero la manera de atraer el turismo ecológico en que podemos ser potencia es creando alternativas que no afecten los parques, fortalezcan sus alrededores y fomenten un turismo de alta gama que deje buenos dividendos, que puedan a su vez ser invertidos en la protección de estas reservas. Es decir, que todos los involucrados tengan claro que la explotación se hace para garantizar la subsistencia de los parques y desarrollar el sentido de pertenencia y orgullo en todos los colombianos. Como dijo Brigitte Baptiste, directora del Instituto Alexander von Humboldt: “El turismo en PNN debe tener como prioridad a los colombianos, privados de su naturaleza por el conflicto armado. Sería terrible enviar un mensaje de paz sólo para atraer divisas”.
Hay que superar, pues, la falsa dicotomía entre sostenibilidad y desarrollo, pero sin dejarse cegar por la fiebre del oro turístico, para construir un modelo que sea beneficioso para el país.
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