¿Qué haremos con internet?

04 de mayo de 2018 – 10:30 p. m.
¿Queremos que una empresa privada sea el censor global de lo que debería considerarse un discurso dañino y lo que no? / Foto: AFP
¿Queremos que una empresa privada sea el censor global de lo que debería considerarse un discurso dañino y lo que no? / Foto: AFP

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La misma semana en que Cambridge Analytica anunció que cerraría todas sus filiales y dejaría de existir, Facebook reveló que su principal apuesta para empezar a solucionar todos sus problemas es la inteligencia artificial. Aunque es una medida necesaria, parece insuficiente y, en muchos casos, inadecuada. ¿Nos va a quedar grande construir una internet con mejor información?

En el comunicado anunciando su quiebra, la dirección de Cambridge Analytica argumentó que cerraba por culpa de haber sido “vilipendiada por actividades que no sólo son legales, sino que están ampliamente aceptadas como un elemento habitual del marketing online, tanto en el terreno político como en el comercial”. Sin entrar a debatir el fondo de esa victimización injustificada, lo que hace la empresa en su despedida es mandar una señal de alerta: lo mismo que ellos hicieron, otros muy seguramente lo están emulando y, peor, lo hacen lejos de los reflectores públicos. Todos los ciudadanos del mundo debemos estar al tanto de esta realidad ineludible: en internet siempre va a haber un interés por manipularnos para fines poco altruistas.

Por eso, las noticias que han salido desde Facebook esta semana son tan importantes. La gigante tecnológica, que ha demostrado este año un compromiso serio con encontrar, por fin, una manera de frenar todos los usos negativos que se le están dando a su red social, anunció que su principal apuesta será la inteligencia artificial (IA). En palabras de Mike Schroepfer, jefe tecnológico de Facebook, “la IA es la mejor herramienta que tenemos para mantener a nuestra comunidad a salvo a gran escala”.

Facebook tiene un buen punto. Schroepfer dijo, según reporta Wired, que “si te dijera que hay un humano leyendo cada una de tus publicaciones antes de que se vean en línea, eso cambiaría lo que publicas”. En efecto, la supervisión personal no es solución; también persiste la pregunta: ¿queremos que una empresa privada sea el censor global sobre lo que debería considerarse un discurso dañino y lo que no?

Sin embargo, a la IA todavía le faltan muchísimos desarrollos para ser un arma útil contra, por ejemplo, las noticias falsas. Según estima Zuckerberg, pasarán por lo menos unos tres años antes de que tengamos un filtro que funcione por su cuenta. En el proceso tendrán que superarse retos tecnológicos titánicos. Y aun si se consigue un mecanismo de moderación efectivo, el problema no estará saldado.

Hablar de este tema como un asunto técnico es alejarse de la complejidad del reto. Hace poco, investigadores de las Naciones Unidas dijeron que el genocidio que viene ocurriendo en Myanmar se ha valido de Facebook para esparcir discursos de odio contra los musulmanes rohinyás. La red social no pudo reaccionar a tiempo porque, entre otros motivos, no contaba con personas que hablaran el idioma y estuvieran revisando el contenido difundido.

Sigue la tensión entre la libertad de expresión, la neutralidad de la red y la realidad ineludible de que internet se ha convertido en un caldo de cultivo para proyectos perversos que amenazan a nuestra sociedad. La IA será una aliada, pero llegará muy tarde y no será suficiente. Persiste el debate.

¿Está en desacuerdo con este editorial? Envíe su antieditorial de 500 palabras a yosoyespectador@gmail.com.

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