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¿Qué significa ser partido de gobierno? Esa pregunta es la que planteó de manera tácita el ministro de Salud, Guillermo Jaramillo, al demostrar su frustración porque congresistas del Partido Verde han expresado fuertes críticas a la reforma a la salud propuesta por el gobierno de Gustavo Petro. La idea que dejó entrever la administración Petro es que los partidos deben aceptar el trueque de “puestos a cambio de votos”, sin importar su identidad como colectividad política ni su capacidad de discernimiento. Sorprende una visión tan cínica de la política de un gobierno que se eligió con banderas del cambio, pero no podemos caer en ingenuidades: así es como, administración tras administración, los presidentes de turno han buscado que sus “acuerdos nacionales” se apliquen. La rama Ejecutiva asigna puestos mientras que la rama Legislativa responde con pupitrazos.
La incomodidad de la Casa de Nariño con algunos congresistas del Partido Verde es evidente. El ministro Jaramillo fue crudo en sus declaraciones: “Uno tiene que asumir una posición clara, o se está con el Gobierno o se está en oposición. No se puede tener representación importante a través del Sena o el Icetex y hacer oposición”, para luego culminar diciendo que el presidente Petro “es muy generoso, porque les permite a quienes están disfrutando del Gobierno hacer toda la oposición. Si fuera otro, ya no hubiera quedado ni uno”. Un día después, el mismo mandatario se sintió cómodo hablando sobre el Partido Verde y en su cuenta de X escribió: “El Gobierno es verde de verdad, no veo que haya que sacar lo que huela a verde de verdad. A lo que queda fuera del Gobierno en realidad no le interesa lo verde”. Palabras más, palabras menos: quien no esté de manera incondicional con nosotros, no es considerado aliado del Gobierno.
Todo esto llevó a que el Partido Verde amenazara con declararse en independencia del Gobierno, pero después de no haber consenso esa decisión quedó para una futura convención del partido. Más allá del rifirrafe político y del hecho de que las declaraciones del ministro Jaramillo terminaron sirviendo para entorpecer aún más el avance de la reforma a la salud en el Congreso, nos queda la duda sobre cómo debe entenderse una coalición de gobierno. ¿Por qué el Ejecutivo, cuando pierde su capacidad de convicción, considera imponerse como único recurso?
Es claro que la administración Petro no ha sido capaz de construir consensos. Su gabinete de ministros de “frente amplio”, como lo denominó el presidente, terminó desarmándose en menos de un año de gobierno para ser reemplazada por funcionarios que tienen algo en común: todos son afines en ideología al presidente. ¿Debería, entonces, la coalición en el Congreso ser igual? Es irreal pensarlo de esa forma, pues así como Colombia tiene un amplio espectro político, lo mismo ocurre en los partidos. Si el Partido Verde decide distanciarse de una reforma particular, lo hace dentro de su autonomía como colectividad, respondiendo a los principios por los cuales fueron elegidos. Eso no significa que no pueda acompañar al Gobierno en tantas otras propuestas que hay sobre la mesa. Ideológicamente, el Pacto Histórico está cerca del Partido Verde, por lo que es entendible que sean coalición. La incapacidad de dialogar con los opuestos sin amenazar es una falla del sistema político. Debe haber otra manera de gobernar respetando la fuerza de los partidos políticos sin tener que recurrir a las amenazas sobre las cuotas burocráticas.
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