Publicidad

Rajoy no convence

Cuando la opinión pública española supo que el presidente Mariano Rajoy iría por fin al Parlamento para aclarar el grave escándalo de la financiación irregular de su partido, se esperaba un sincero mea culpa.

01 de agosto de 2013 – 04:23 p. m.

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

/

Sin embargo, el miércoles Rajoy dejó mucho que desear al afirmar que “ni voy a dimitir ni voy a convocar elecciones generales”. Tan sólo reconoció haber confiado en quien no debía. Todo, al parecer, sucedió a sus espaldas. Historia conocida.

A medida que fue creciendo el escándalo, y ante las pruebas de que las cosas eran más complejas de lo pensado, los partidos de oposición, con los socialistas del PSOE a la cabeza, pidieron la comparecencia del jefe de Gobierno ante las cortes. Se le conminaba a explicar al país qué había pasado en realidad y, en especial, cuál era su grado de responsabilidad, así como la de varios dirigentes que hoy lo acompañan en el gabinete, como la vicepresidenta Cospedal.

La estrategia del PP fue la de esperar a ver cómo avanzaba el proceso, negar los hechos o aceptar que pudieron presentarse “algunas cosas”, sin aclarar nada más. En la medida en que la marea fue subiendo poco a poco y el detenido extesorero Bárcenas comenzó a prender el ventilador ante la Fiscalía, las cosas pasaron de castaño a oscuro. Las protestas callejeras, ya de por sí caldeadas como consecuencias del drástico plan de choque destinado a paliar la crisis económica, se avivaron con la exigencia de la renuncia de Mariano Rajoy.

El líder del PSOE, y derrotado candidato presidencial, Alfredo Pérez Rubalcaba, aprovechó el momento para tratar de levantar en algo las banderas y la imagen de su alicaída colectividad. Lo anterior en la medida en que la inconformidad por el manejo de España, así tenga como blanco inmediato al actual gobierno, también se dirige contra todos los partidos, dentro de los cuales los socialistas tienen un alto grado de responsabilidad. De allí que ante las reiteradas negativas del presidente a dar la cara, Rubalcaba lo conminara a hacerlo o atenerse a un voto de censura en el Parlamento. Acorralado por la baja popularidad en las encuestas, Rajoy no encontró alternativa y decidió comparecer. Infortunadamente para él, sin convencer.

El ampararse en el hecho de haber sido asaltado en su buena fe no lo exime de asumir la responsabilidad política que le cabe: como jefe de Bárcenas fue que ingresaron dineros que, en más de una ocasión, provinieron de constructores o empresarios investigados por corrupción. De ahí que Rubalcaba pidiera formalmente la cabeza del presidente de Gobierno al considerar que los dos años que le quedan van a estar en manos de una persona, y un partido, con un cuestionamiento que lesiona gravemente la gobernabilidad.

El evidente descontento que hay contra los partidos en el país ibérico amerita una actitud responsable y de grandeza por parte de todos ellos, tanto en el ejecutivo como en la oposición. Urge, como se ha pedido, que haya modificaciones prontas a la ley electoral para prevenir estos hechos a futuro. El electorado, cansado de restricciones y hastiado de corrupción, tendrá la palabra en las próximas elecciones.

Conoce más

Temas recomendados:

 

Comentarios
Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación

Inscríbete a nuestros newsletters

Lo bueno que es estar informado y de una manera diferente desde tu correo electrónico.

Selecciona los newsletters que quieres recibir
Al inscribirte, aceptas nuestros T y C y nuestra Política de privacidad.
Infórmate rápido